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viernes, 22 de agosto de 2008

Bloggers van, bloggers vienen: más sobre la web 2.0

Intentando volver sobre mis pasos sobre lo escrito hace unos días me topé con una sorpresa: el blog "No me quiero casar" de Alejandra Cosa de Peru21 -en el que escribía sobre su visión amorosa del mundo- fue dado de baja sin previo aviso. Al menos, ya no aparece en el índice de blogs del home del diario (1). ¿Qué pasó? No sé, pero si un blog se cierra creo que al menos cabe un post de despedida. ¿Habrá alguna relación entre lo que escribió la blogger Costa sobre lo incivilizado de la web 2.0 y su desaparición? Ni idea. Que mediten sobre el tema los teóricos de la conspiración.

Visto desde el lado amable, la onda web 2.0 para los casos del corazón parecería ser un juego inocuo (2). Renato Cisneros del blog "Busco novia" o la Costa son el eslabón del blogging más manejable en cuanto tienen todo de entretenimiento. Pero, ¿qué sucede cuando el furor de la Web 2.0 contagia cada vez más y más el periodismo de investigación y de opinión? La revista Prospect había prometido un artículo de Andrew Keen cuando intentó explicar el triunfo del teólogo Fethullah Gülen en su encuesta por internet que buscaba al intelectual más influyente del mundo. El artículo de Keen ya está online y se concentra en la revolución de la dinámica de la vida intelectual pública que en estos mismos instantes opera el blog más influyente del mundo a decir de algunos: el Huffington Post, obra de la socialité nacida en Grecia Arianna Huffington. Tal como Google ha revolucionado la información, dice Keen, y tal como Wikipedia ha reescrito la enciclopedia, el Huffington Post ha revolucionado la forma en que se elaboran y muestran las noticias. El Huffington Post recibe 5.5 millones de visitas al mes y el artículo de Keen analiza en su totalidad este caso.

El círculo virtuoso del éxito de la Huffington empezó en el 2005 cuando le solicitó a sus amigos intelectuales o personajes célebres más cercanos -entre ellos, Richard Dawkins- artículos y opiniones gratuitos para ser colocados en su web. Pronto, estas celebridades intelectuales llamaron a más celebridades y las visitas y los lectores se multiplicaron como una epidemia. Si la lógica de un negocio en internet como la de Google en sus versiones YouTube o Facebook se apoya en su capacidad de generar contenido gratuito y luego vender publicidad por el tráfico, dice Keen, lo de Huffington es exactamente lo mismo. Pero este sistema va a contracorriente de los medios noticiosos tradicionales americanos: estos medios deben pagar no solo a redactores, sino también a editores y a fact-checkers, entre otros intermediarios. El "HuffPost", como se le llama, rara vez edita los contenidos de sus plumas contribuyentes. Esta web -o megablog- solo necesita un staff de 50 personas y solo ellos manejan el tráfico de millones de visitantes. Desde este punto de vista, no es sorpredente que los medios tradicionales en EEUU estén en crisis, dice Keen, sobre todo considerando que aún cuando reencarnen online, es imposible que sus precios de venta de publicidad se mantengan al mismo nivel. La web del Washington Post, con sus nueve millones de visitantes al mes, aún pelea por tener ganancias online.

¿Pero cómo logra el Huffington Post que sus contribuyentes escriban gratis? Aquí entra algo que ya se lo había escuchado a Luis Carlos Burneo cuando hablaba de qué beneficios económicos le traía su exitoso blog "La habitación de Henry Spencer": la posibilidad de tener visibilidad pública gracias a su buen trabajo gratuito en internet le daba opción de conseguir trabajos remunerados. Para Keen, esto va directamente al corazón cultural de la revolución de la web 2.0: lo que se pelea en un mar de información infinito es atención. Estamos en una economía de la atención y la notoriedad. Ofreciendo contenido gratuito uno se publicita a sí mismo. (3)

¿Cuál es el problema entonces? El problema que ve Keen es la confiabilidad de la información. Si los contenidos se ponen en manos de unas cuantas personas, ¿cómo harán estas personas para hablar sobre lo que no pueden conocer, pero que nosotros como público necesitamos conocer? Por ejemplo, ¿qué sucede con las secciones de noticias internacionales de los diarios, que cada vez se reducen más en los diarios grandes del mundo, y que en el Perú se sustentan casi exclusivamente en la información de agencias y no en redactores de planta? Si una web como el Huffington Post funciona es porque la confiabilidad de sus opiniones se deriva de la confiabilidad de la información que recibe de los medios tradicionales. Pero con su éxito, paradójicamente, está ahorcando poco a poco sus propios suministros. La última línea de la argumentación de Keen es la siguiente: con opiniones basadas en información mala o incompleta, la democracia representativa (cuán importante es reforzar este adjetivo en estos tiempos) sale perdiendo.

Porque la versión de la democracia del HuffPost es el periodismo ciudadano: en medio de la crisis de la información es el ciudadano de a pie quien tiene la responsabilidad de informar, posibilidad que tiene a la mano gracias a las nuevas tecnología digitales. Con una cámara todos tenemos la opción de ser periodistas (4). ¿Pero realmente se puede? Keen explica cómo esta versión del periodismo se tropieza con sus propios pasadores sueltos, básicamente por falta de entrenamiento. ¿Hay alguna salida? Keen presenta dos modelos exitosos y británicos del negocio de la información online:

The Guardian, for example, which has pioneered the most innovative consumer news website on either side of the Atlantic and which has just acquired the paidcontent.org technology blog for around $25m, is owned by the non-profit Scott Trust, which is committed to protecting the editorial integrity of newspapers. The publicly-funded BBC, with its licensing model and innovative in-house internet products like the iPlayer, is another example of high-quality news media which hasn't been undermined by free online content.


Las cartas están echadas. Ya veremos cómo se desarrollan las cosas en el mundo y cómo localmente varían los contenidos de los blogs de las webs de los diarios con el tiempo. Lean el artículo completo. Lo mío es una traducción guiada por mi esforzada, aunque seguramente insuficiente, capacidad de síntesis.

Un comentario final y tangencial: qué buena idea ha tenido el New York Times de incorporar a los comentarios de sus lectores una relectura editorial. Ahora, en algunos artículos es posible ver resaltados en azul los comentarios que dicen algo bajo la etiqueta de "Editor's selections". También es posible hacer click y solo leer las selecciones: la tecnología al servicio de la inteligencia y sin negar el aporte del público. Por ejemplo, ver aquí cómo funciona esta dinámica en esta nota sobre la lectura en internet que de hecho también merecerá un post en algún momento.



(1) El último post es el 1 de agosto y el último comentario del 12 de agosto.

(2) Estrictamente hablando no pienso así, en la medida que el amor usualmente motejado de "irracional" con aire festivo merece y
tiene hipótesis muy plausibles que lo explican. Lo pongo así: creer en las opiniones de Renato Cisneros sobre el amor en su blog "Busco novia" es como creerle al Chamán del Norte cuando habla amarres, pócimas y amuletos. El sentido común nos dice que tirar mucho no te hace un gran teórico del amor, de la misma manera que decenas o centenas de manzanas cayendo sobre tu cabeza no te hará necesariamente postular la ley de la gravedad.

(3) En palabras de Keen: "the "razor-blade model"—giving away the razor for free and then making money from sales of the blades."

(4) En una entrevista que le hizo Luis Carlos Burneo a Javier Albarracín de Perublogs sobre el concurso de los "20 blogs peruanos", éste mencionaba muy interesantemente que la revolución de los blogs nos llevaría a un grado tal de segmentación que finalmente el usuario podrá ver "las noticias de (su) barrio" y "por los mismos bloggers del barrio". Es interesante, además, leer esta nota de La Republica del 2007 sobre "La revolución del blog" a la luz de las ideas de Keen.

miércoles, 25 de junio de 2008

Sobre YouTube


Sigo con Andrew Keen. Uno de sus puntos más enfáticos fue su durísima crítica de YouTube, cosa que a mí me sorprendió porque, bueno, soy un adicto a YouTube, no tanto de los vídeos virales de corte tontón, consagrados por Weezer, como de vídeos de mis intereses particulares. Aunque parte de la crítica de Keen se debe al robo de contenido -yo puedo ver vídeos sin pagar un cobre tal como si bajara por torrent un disco de estreno-, la otra parte de la crítica estaba dirigida a la publicidad: poco a poco se está dejando de distinguir entre contenido auspiciado y contenido genuinamente "inpedendiente". Keen defendía la manera que los medios tradicionales habían encontrado de separar publicidad y noticia. El publicherry -que en la prensa peruana existe en modo abierto y velado- podría, con la Web 2.0, no distinguirse nunca. Ojo, el debate se centra sobre todo en la confiabilidad, en la autoridad, y en la mecha abierta de los usuarios de la Web 2.0 contra los medios tradicionales, esas grandes corporaciones que supuestamente ocultan y distorsionan la verdad.

Pero la experiencia ambigua de YouTube como ética (traduciendo groseramente es "tú televisas", cuando este "tú" no se sabe exactamente quién es) tiene otra cara: la mejor dinámica de la televisión que se haya inventado. Es práctico, veloz y de una inabarcabilidad de contenido realmente alucinante. Quizás en un futuro ciertos canales en YouTube exijan un pago por su contenido -lo que estaría muy bien-, pero lo que más me llama la atención es cómo hemos recibido tan bien esta versiones pobrísimas y ultracomprimidas de las imágenes en el mundo de alta fidelidad del plasma. ¿Es posible ver una película (seguramente en diez o doce partes) entera por YouTube, disfrutarla e iniciar una discusión con otra persona que la vio en el cine en igualdad de condiciones? ¿Qué significa exactamente el proceso de digitalizar un producto X y comprimirlo? ¿Qué queda afuera -porque pedazos de información se pierden- y qué queda dentro? ¿Cuándo X está demasiado comprimido al punto que se hace ilegible? Si las advertencias de Keen también se trasladaran aquí, entonces no sería tan absurdo pensar que el mundo de la imagen de YouTube es también un mundo irreal o falso.

Pero en positivo, las imágenes de YouTube funcionan como una traducción de sus originales: son sus versiones mínimas indispensables. Umberto Eco -en su libro sobre la traducción del que escribí hace unos días- propone para las palabras -citándose a su vez de un libro anterior- distinciones como "contenido nuclear" y "contenido molar". Por ejemplo, en el contenido nuclear de "ratón" están sus nociones mínimas, sus requisitos elementales para poder comprender que "ratón" es un ratón: piernas cortas, cabeza que parece no está separada del cuerpo, etc. El contenido molar, en cambio, es el "conocimiento ampliado": por ejemplo, su capacidad de transmitir ciertas enfermedades. De la misma manera, intuyo, entre el original de un vídeo y su versión en YouTube la relación molar-nuclear se establece: a través de la web estamos captando lo mínimo indispensable -cuando una imagen está demasiado comprimida es normal que los usuarios reclamen que no se distingue o entiende nada-, pero alguien que sí tenga acceso al original obtendrá información ampliada: podrá apreciar, por ejemplo, la fotografía de un largometraje.

¿Es posible concluir entonces que las discusiones que tengan a YouTube como fuente sean discusiones entre versiones mínimas o resumidas que, a su vez, estén llegando a conclusiones mínimas o resumidas? ¿Es el intercambio incesante de lo mínimo y de lo elemental, que es muy bueno para la velocidad, pero no tan bueno para la profundización? ¿Es el reino de lo dummy? ¿Es lo dummy intrínsecamente malo? (1)

Similarmente también puede discutirse acerca del mp3 que, los expertos concluyen, está empeorando cada vez más el sonido. Pero, ¿qué significa exactamente la muerte de la alta fidelidad? Significa una cosa al menos: que la consagración del nuevo soporte está limitando el contenido futuro. 
 

(1) El blogging es perfectamente otro ejemplo también.

Actualización: Ejemplo de las angustias de Keen sobre los borrosos límites de la publicidad. El último viral en YouTube y a la YouTube es un comercial de Gatorade. Ha sido rebotado como "Ball Girl's Amazing Catch!", "Ball Girl Makes An Amazing Catch", "Ball Girl Makes Incredible Catch", entre otras variantes. Solo he visto a un usuario (uno de esos "you" que no sabemos quiénes son) que con toda claridad titula "Amazing Catch by Ball Girl (baseball) Gatorade commercial". 

martes, 24 de junio de 2008

Andrew Keen y las preguntas que quedan


Lo de Andrew Keen, en el post de ayer, suena sumamente razonable, salvo cuando habla del narcicismo y de la exacerbación del yo en la Web 2.0. Personalmente esto no me parece un problema: difícilmente el egotismo en la red es completamente ensimismado. Ahí están los comments que modifican o dialogan con ese yo. Es más, es casi consustancial al yo de la Web 2.0 esa búsqueda de atención de los otros. Quizás el diálogo -o la sensación de diálogo- se cree por default, pero finalmente está ahí. Por otro lado, la vanidad del yo de la Web 2.0 por imponer a toda costa su opinión -correcta o no- como verdadera no creo que relativice la verdad. Es un paso previo necesario. Lo que Keen reclama es jerarquización o autoridad: ¿quién finalmente detecta la mejor verdad entre todas las verdades? Es una buena pregunta. Pero el ego-trip -tan popularizado en la blogósfera peruana- no me parece un defecto, siempre y cuando no se olvide que lo que se busca es la mejor respuesta a algún problema.

En lo que sí Keen me hace cambiar de opinión es cuando habla de "media literacy" o alfabetización mediática. Cuando se discutía aquí lo de Puerto el Hueco mi posición era que cada uno debía ser responsable de distinguir entre fuentes de información confiables de las que no lo son. Puerto el Hueco no lo es y, por lo tanto, no se debe creer nada de lo que sale publicado ahí (es más, ni siquiera sirve como termómetro de lo que anda "pensando la gente"). Sin embargo, ¿cómo alguien puede saber si es o no es un sitio confiable? A mí se me señaló que no todos estaban al tanto de cómo funcionaba internet. Y tenían razón. La Web 2.0 aún no tiene entre sus nortes la alfabetización mediática. Es más, lo que promueven a cierto nivel es lo contrario: el analfabetismo mediático, el no poder distinguir un contenido de otro, el no saber analizar ni jerarquizar. Es un buen punto.


viernes, 29 de agosto de 2008

La blogósfera

No sé si concurra hoy al Blogday en el Maria Angola-lo dudo mucho, la verdad, porque rehúyo las aglomeraciones-, pero la fecha es propicia para pensar sobre qué es lo que uno está haciendo y, también, ver qué y cómo lo hacen los demás en la blogósfera local. Este blog tiene ya unos ocho meses, mantiene su política de no aceptar anónimos -salvo que tengan cuenta de gmail- y con su temario variopinto y caprichoso el autor no tiene idea si es leído o no. Lo más probable es que no. En todo caso, no hay forma de saberlo: el famoso algoritmo de Google no me lo termino de tragar.

En el primer post se expuso la idea central que después se desarrolló con más calma en posts ulteriores. La gran sospecha de la sabiduría nacida del colectivo anónimo. O sea, suave con la web 2.0:

 Como lector adicto a los blogs desde hace un buen tiempo y a sus menudencias bélicas me he percatado de que la creciente marea de anónimos opinantes ha obligado a repensar la dinámica del diálogo y [he] llegado a la verdad suprema de que la mejor opinión es la que viene ligada por un tubito a tu nombre legal (con DNI) y por otro tubito a la glándula de la honestidad. No está mal como consenso.


Creo que lo demás es una consecuencia natural de ese primer principio. Me gustan las complejidades que florecen de algo simple, como los átomos de hidrógeno o como la selección natural. Cuando el discurso se enreda en el nudo de excepciones siento que algo anda mal -aunque quizás sea mi falta de talento para comprender ciertas cosas. En todo caso, nunca hay que perder de vista las preguntas simples. Las inmensas preguntas celestes son en realidad las que un niño se haría.

Y con la blogósfera hay varias cosas simples que cada día constato más. No es un mundo sin reglas ni una revolución de valores. Creo que solo hemos pasado de la carreta al avión supersónico y que aún no sabemos cómo agarrar el timón. Pero eso no quiere decir que las reglas de la física hayan cambiado, o sea, valga el paralelo, las reglas de la civilización: la protección de la privacidad -cuánto nos ha costado atesorar la privacidad y alejarla de los que nos atacarían con ella- y no mezclarla con el discurso público; o desconfiar radicalmente de los anónimos. Son dos ejemplos y dos cosas sencillas. Pero las consecuencias son grandes, sobre todo una: no darle la espalda a la ley. 

Tengo la sospecha de que mucha gente que posee un blog no tiene idea de qué es un blog. Hay una tendencia a cierto vago esencialismo: tener un blog es ser blogger y ser blogger es una categoría única y especial que te permite decir cualquier cosa: es ser una opinión tan válida como cualquiera. Válida sí, pero buena o plausible, muy probablemente no. Hagamos una analogía: ponerte un casco de moto no te hace motociclista; ponerte un Speedo no te hace Phelps. Si eso se cree, entonces no se ha superado la adolescencia. Es la mala lección -o quizás una mala lectura- de los superhéroes: el traje trae consigo los poderes. Quizás la relación entre la religión blogger y cierta cultura del cómic encuentre acá su eslabón perdido.

Es por eso entonces que con toda probabilidad el fenómeno sea distinto según sea el lugar. El bloggerismo no es un esperanto. Me explico: si un académico como Andrew Keen lanza señales de alerta del peligro que corre la vida civilizada con la web 2.0 es porque su vida en EEUU le da buenas pruebas de ello. Pero en el Perú no todo Keen es aplicable. Aquí no podemos hablar de una web 2.0 que dinamita los pilares de, por ejemplo, la discusión o la producción cultural. Porque yo abro los periódicos y lo único que veo es fútbol, dos cables "culturales", entrevistas famélicas a no ser que sean a Vargas Llosa y artículos que se han comprimido a la triste condición de gacetilla o agenda. Por el contrario: quizás los medios locales sean una aterradora prolepsis del mundo post web 2.0 a la Keen: o sea, el mundo de la inanidad, de la idiotez, de lo superfluo, de lo que no importa, de lo prejuicioso, de lo que apenas si se pone en discusión, de las leyendas urbanas. En un escenario así, una herramienta como el blog sí tiene mucho sentido y urgencia. 

Hay varias personas con blog -ya no sé si llamarlos bloggers o si quisieran ser llamados bloggers- que asumen el compromiso de llenar el hueco o forado profundo de la discusión de ideas en los medios escritos de circulación masiva. Este blog lo asume desde sus limitaciones. Porque si lo que nos define como seres humanos es el lenguaje y el lenguaje es la herramienta que nos separa de la barbarie, tiene mucho sentido discutir cada una de las cosas chuecas, absurdas, mentirosas y sospechosas que se dicen en la blogósfera. Es más, es el único camino. Algunos llaman a ese diálogo pontificar. Pero es ridículo que se llame pontificar al hecho de argumentar una idea contraria. De nuevo: parece que no es solo la falta de costumbre de discutir. Es la religión del blogging, la pica-pica anual que celebra la plataforma pero no los contenidos, lo que enceguece. 

Y en el camino de los contenidos aún hay muchísimo camino que recorrer. No he visto mi Google Reader engordar sus suscripciones. Sigo leyendo básicamente lo mismo a nivel local -léase de "asuntos peruanos"- desde hace un año: Utero de Marita, Puente Aéreo -que parece que resucita-, El Morsa, Gran Combo Club y Moleskine. Son estimulantes sobre todo cuando uno está en desacuerdo con ellos. El resto, o es un eco, o es una reiteración, o es solo ruido. Pero, curiosamente, los medios no han preferido reclutar aquella forma del blogging a sus filas. Han preferido mayormente lo último: el entretenimiento sencillo o, con una terquedad atosigante, el soliloquio tedioso de los asuntos del corazón. ¿Es ése el mejor legado de la web 2.0?

Espero que no. El engranaje que falta es cómo hacer un blog económicamene viable, cómo salir de este círculo medio dantesco de la gratuidad eterna. A seguir pensando. 

lunes, 23 de junio de 2008

El culto al amateur


Un par de videítos en la pugna por desautorizar los contenidos de la web 2.0  o entronizarla como la Buena Nueva. El primero es un documental holandés que presenta el debate en torno a Wikipedia: posturas a favor y en contra. El segundo solo presenta la postura en contra del inglés y elocuente Andrew Keen: conferencia sobre su libro The Cult Of The Amateur. Como siempre, la verdad debe estar en un punto intermedio entre los entusiastas y los aguafiestas, los libertarios irresponsables y los responsables, los apocalípticos y los integrados.

The Truth According To Wikipedia

"The questions surrounding Wikipedia lead to a bigger discussion of Web 2.0, a phenomenon in which the user determines the content." (...) " These sites would appear to provide new freedom and opportunities for undiscovered talent and unheard voices, but just where does the boundary lie between expert and amateur?"

Broadcast date: April 7, 2008
Direction: IJsbrand van Veelen
Produced by Dutch national public broadcasting corporation VPRO





Authors@Google: Andrew Keen



"If we are going to civilise the internet, if we are going to make it a place that we can enjoy going, then we need rules"

Un video más: Andrew Keen con Stephen Colbert




domingo, 15 de noviembre de 2009

La desesperada búsqueda del gatekeeper

Coloqué este pequeño texto de Andrew Sullivan de The Atlantic en mi FB y creo que también conviene colocarlo aquí. Rebote del rebote:

In a Long Tail economy, the role of the gatekeeper becomes extremely important. The gatekeeper can be a traditional one, like the NY Review of Books, or a more modern one like the reviews on Amazon, or it can be some unknown blogger who I happen to find has interesting taste. But I need someone or something to help me find the crap that means something to me. (...) The gatekeepers own the future.


La última frase lo ilumina todo: frente a la vastedad de internet, casi como un movimiento natural, un tic reflejo, el que se pasea por internet necesita, requiere toma oxígeno a través del gatekeeper. No hay manera de que no lo haga, de que no jerarquice. Y tengo la impresión de que una vez que chapa a su gatekeeper, difícilmente lo suelta. ¿Hay alguna disciplina que estudie la relación entre el internauta y el gatekeeper? Es casi una relación de ciega confianza, de entrega, como la que un consumidor tiene con un producto de diaria necesidad, sea un jabón, una pasta de dientes o papel higiénico.

Obviamente si lo ofrecido es información lo lógico sería que el navegante se dirigiera a los gatekeepers mejor informados y más honestos. Pero la vida no es lógica. Suele ser bastante irracional. Y es por eso que uno sigue viendo a ciertos gatekeepers -léase bloggers o FBers- que gozan de una popularidad envidiable a pesar de que ofrecen muy poco o casi nada. O que muestran sus sesgos tan abiertamente que sorprende que nadie pitee. 

El futuro es de los gatekeepers. ¿Pero cuáles? En un mundo perfecto creo que muchos alucinan a un usuario en constante estado de alerta, peinando las selvas tupidas de la red como un comando, destruyendo con su indiferencia la basura y rescatando en Favoritos o en el Reader el dato valioso. Wiflas. Lo más común es este usuario pavloviano, presto a hacerle caso al escándalo, al calateo, a la noticia pintoresca, al guiño sexual y al flaming. También creo que el gatekeeper escéptico tiene las de perder. Mucho más atractivo es el gatekeeper seguro de tener la verdad, el obseso, el fanático, el maniqueo, el que se construye enemigos perfectos y amigos impolutos. La duda, la repregunta, la ambigüedad y el vaivén argumentativo son pasados de largo sin mayor atención. ¿Por qué? Porque se bucea en la red y se hace click para obtener respuestas, no para ser interpelado. Hombre: simplemente no hay tiempo para otra cosa.

Andrew Keen, uno de los promotores de la idea del gatekeeper, en un debate con Jimmy Wales de Wikipedia, llegó a la conclusión de que Wikipedia -tan vilipendiada por él- no era una enciclopedia. Es decir, no era comparable a la Enciclopedia Británica porque tanto aquélla como ésta eran cualitativamente distintas. Acto seguido sacó un cuento de Borges -"La biblioteca de Babel"-, leyó unas líneas y dijo: eso es Wikipedia. En Wikipedia está -o estaría, o aspira a- "todo". En la Enciclopedia Británica, los datos valiosos de ese todo. 

En otras palabras -y esto no lo dice Keen, pero es lo que se desprende-, la Enciclopedia Británica está subsumida en Wikipedia (ella y, con seguridad, varias otras enciclopedias más). Pero si Wikipedia logra coronar su éxito máximo -es decir, si finalmente es capaz de poner todo en su site- entonces su valor intrínseco sería nulo: Wikipedia no haría ningún sentido y llegaríamos al absurdo de requerir de una enciclopedia para poder navegar en ella.

Ese absurdo ya llegó y está aquí: la desesperada búsqueda de gatekeepers es lo único que calma nuestra angustia frente a lo ilimitado de la web. Y estamos dispuestos a chapar lo que sea; tanto así, que hemos llegado al nuevo absurdo de tener gatekeepers de los gatekeepers, es decir, gatekeepers al cuadrado y, sin dudarlo, al cubo, que es lo que sucede al leer una noticia del blog de tu blogger favorito, cuando lo único que éste ha hecho es tomarla de un agregador (y así hay que ir hacia atrás hasta encontrarse casi con la primera causa como Santo Tomás, aunque no creo alguien tenga el tiempo para hacerlo).

Resumen de la primera idea: no hay navegador de internet sin gatekeeper. Ambos se implican. Pero aún quedaría resolver más claramente la segunda: ¿de qué tipo son los gatekeepers más buscados? Ya sugerí que andar bien informado no es la prioridad: el usuario pavloviano vendría a ser el especímen más común. Pero hay una razón para que el usuario se comporte así. Y tengo la impresión de que la infinitud de la web, sus horizontes amplísimos, su ambición por el todismo y su inacabable suma de datos producen otra angustia: la de no estar solo. No por nada las redes sociales son un éxito. El usuario no busca estar mejor informado, sino saber el dato que todos los demás conocen, justamente para no sentirse excluido de la discusión. El dato gregario, la información que trae consigo la identidad de grupo, el meme social: la desesperada búsqueda del gatekeeper es la desesperada búsqueda de tener a alguien que anime la fiesta y que mantenga al rebaño junto. Contra eso hay que competir y contra eso, creo, la batalla está perdida. Welcome to the machine.




jueves, 1 de enero de 2009

Blogósfera peruana 2008: el fin de la inocencia (parte I)


Fin del año 2008 -o inicio del 2009, dada la fecha- y hora de mis balances atrasados. Este blog se creó en enero del año pasado y ha mantenido una actividad relativamente frecuente durante los posteriores doce meses. Ha sido un blog de tendencia miscelánea, pero el pensar sobre la blogósfera -lo que algunos consideran un rollo ombliguista en el peor sentido del término- fue un tema recurrente. Es natural y necesario: uno no solo hace, sino también se pregunta por qué y cómo lo hace.

Este post parte de una verdad más o menos establecida según he podido leer en muchos otros blogs: que el 2008 fue el año en que la blogósfera dio una especie de batacazo de notoriedad, una mayoría de edad en relación a su importancia en la transmisión o creación de información.

En lo que sigue, pensando en voz alta, pondré varios peros a la afirmación anterior, intentaré separar grano de paja y terminaré, espero, justificando por qué el 2008 fue para mí el año en que el blogger en la "blogósfera de la notoriedad" -como me gustaría bautizar a ese espacio de la blogósfera local celebrada en los medios- dejó de ser un entusiasta inocente. Si cierto facilismo analítico describe a este blogger como un personaje esencialmente "independiente" a cualquier institución o "fiel a sí mismo", yo argumentaré que es todo lo contrario: un especimen dependiente, veleidoso, emotivo, inconsecuente, dogmático, y mucho más frágil frente a las presiones de lo que usualmente se nos ha dicho.



Hay un periodista profesional en la punta del iceberg

¿Por dónde empezar? Quizás por lo más notorio o por la punta del iceberg de la notoriedad: empecemos por el único blog -por favor, tomar en cuenta la cantidad (1)- constantemente rebotado en los medios tradicionales durante el 2008: el Utero de Marita y su anexo Utero.tv . Felizmente, Marco Sifuentes hizo la tarea por este blogger: hizo un espléndido resumen de su notable actividad blogosférica este año: menciones en prensa, radio, TV y hasta en el Congreso. No me meteré en el tema de la calidad de información. Solo relevaré lo sorprendentemente popular y unánime que resultó el Utero como referencia obligada para cierto público y también periodistas. Esto es cierto e incontrovertible. ¿Triunfo del blog como esencia?

No.

El triunfo es del periodista. Así que, a partir de aquí, si eres un preblogger que está abriendo con ilusión su cuenta en Blogger entusiasmado por las fotos a página de las estrellas de la Internet, te cae un baldazo de agua congelada por cortesía de Bloodyhell. El fenómeno no es nuevo, ni original, ni único del Perú: es lo que más o menos en este blog se ha estado relatando desde que en el mapa apareció Andrew Keen, sistematizando el mejor conjunto de ideas que señala los puntos ciegos o tramposos de una ideología endeble. Los personajes que mejor aprovechan las herramientas de la Web 2.0 son los que han tenido una vida fuera de ella, o sea, una vida en los medios tradicionales. Los profesionales del periodismo hallan, en herramientas como el blog, una potencial gallina de huevos de oro (o de clicks) por la sencilla razón de que son grandes comunicadores. Todo aquel floro de "periodismo ciudadano" (que graciosamente el autor de otro blog estrella, Pepitas, del periodista profesional Fernando Valencia, resaltaba con orgullo) es una verdad a medias, o quizás, una mentira grande. Preblogger, aquí se os implora: será muy difícil que tu entusiamo bloggero se traduzca en visitas si no conoces muy bien las armas de la comunicación; si no sabes cómo decir, hacer, poner o, claro, detectar las "pepas". Si alguna vez pensaste que un blog era una alternativa, un discurso distinto, una verdad más profunda que aquél de los medios tradicionales, pues piensa de nuevo. En este caso, el medio no es el mensaje.

Lo anterior es meramente descriptivo y no un atentado al talento. Porque se requiere talento para ser blogstar. Y estar, claro, en el sitio adecuado en el momento adecuado. Después de ver la campaña pro Augusto Alvarez Rodrich de varios de ellos en el último episodio más notable y decidor (y algo rochoso por las fotos que luego adornaron las páginas de Peru21) de la blogósfera peruana me quedó más claro que el agua: sin los medios tradicionales, sin el broadcasting tradicional de siempre, los blogs y su microcasting mueren por inanición, intrascendencia, invisibilidad y, sobre todo, por falta de recursos, léase, dinero.

Este punto es importante. Porque en la punta del iceberg hubo un periodista profesional que luego fue blogger profesional laborando a tiempo completo durante el 2008. ¿Qué pasa entonces con el resto de la pirámide? ¿Qué pasa con la medalla de plata y la medalla de bronce? ¿Qué pasa, en suma, con el resto del iceberg de decenas o centenas de bloggers no profesionales que, según se dice, han transformado el mapa de la información peruana? ¿Qué pasa con la base de esta pirámide a la que me gustaría llamar -quizás lo haga luego- claeísta?



La parte oculta del iceberg: ¿qué pasa con los comunicadores no profesionales?


Aquí hay dos ideas que confluyen: una en la teoría y otra en la práctica. Ambas apuntan a un objetivo: ganancia de notoriedad en el darwinismo de la pirámide de la blogósfera.

La primera es la idea de la afeitadora y las navajas, a saber, entregar la afeitadora gratis esperando obtener ganancias por la venta de las navajas. Las afeitadoras para el blogger amateur -el no profesional, el que no está en la punta de la pirámide, pero sueña con una oportunidad- son su nombre, sus posteos y su exposición. Día tras día, dale que dale, rata, rata, rata -homenaje a Marco Martos- el amateur subirá información aguardando por clicks que, luego, Sarita Colonia mediante, se traducirán en algún tipo de beneficio concreto y metálico: contrato laboral o auspiciadores.

El caso más interesante fue el de Luis Carlos Burneo, también conocido como Henry Spencer. En una entrevista con Juan Carlos Goicochea -ex Utero.TV y videovlogger resaltado en Peru21 como personaje del año-, Burneo criticó a mansalva a Telefónica por su mal servicio, a lo que, avispadamente, Goicochea replicó si es que acaso seguiría diciendo lo mismo si de pronto esta empresa lo auspiciara. Nótese que, al menos en la coyuntura de hace unos meses, esa era el sueño para un blogger notorio: el auspicio. Burneo respondió que sí, que seguiría fiel a sí mismo, es decir, criticando a Telefónica. Hoy la situación es tal cual hipotéticamente se describía en ese entonces: Burneo tiene publicidad de Terra (Telefónica) en su blog. Pero, ¿seguirán siendo las críticas las mismas? ¿Seguirá el vlogger ejerciendo su independencia como siempre? Esa pregunta quedará, creo, sin responder y que cada quien especule. Lo cierto es que en este caso el blog funcionó como un curriculum vitae en tiempo real. El blogger bloguea como una forma de buscar trabajo en el mundo de la superficie. La línea editorial en el manejo de la información es un asunto secundario. Los importante es que el modelo "afeitadora y navajas" funcionó a la perfección y que el blog puede persistir en el tiempo.

¿Pero es así de fácil? ¿Todo es trabajo, dedicación, irrigación constante del huertito amado? ¿Por qué un blogger incansable la "hace" y otro, igual de incansable, "no la hace"? ¿Todo es talento, cruzar los dedos y ver qué pasa?

No. La segunda idea que confluye es la práctica, o sea, hacer que el modelo detallado arriba de todas maneras funcione.


"¡Hagamos una gran reunión!": captando más bloggers para la pirámide

En una de las revelaciones más importantes sobre el funcionamiento la blogósfera peruana más notoria, --pero que fue nulamente discutido por los medios que la celebraban- se expuso la relación entre el directorio de blogs más exitoso localmente, Perublogs, su controversial cambio de ránking y algunos de los blogstars (los personajes en la cúpula de la pirámide). No hay que perder de vista lo siguiente: que la filosofía del directorio de Perublogs -que es un negocio- es ganar notoriedad o, como se dijo en alguna oportunidad, "existir". Las nuevas reglas de juego son algo difíciles de explicar, pero se basan en el muy discutible algoritmo de Google en el que, al menos en teoría, una web linkeada o citada por otra vale más que una simple visita. El valor es "calidad de información". Hacer un ránking de solo visitas resultaba engañoso pues en los primeros puestos se colaba demasiada "basura", por ejemplo, calaterías y afines. Pero si alguien no solo te visita, sino que además, te linkea, eso quiere decir que tu web tiene un contenido que es en sí mismo valioso. Más linkeos, entonces, más valor. Calidad en vez de cantidad. No suena mal.

Pero el problema es que internet no es "neutral". El mundo virtual no solo está hecho de webs con contenidos objetivos y de links de sitios favoritos medidos objetivamente. El mundo virtual está hecho sobre todo -es evidentísimo dado el éxito local de, por ejemplo, Facebook- de redes sociales, o sea, de contactos entre personas. No solo se intercambia información sino información intensamente personalizada. Lo dicen una y otra vez los gurúes de la web 2.0: la red te permite conectarte con gente con tus mismos intereses, que piensa como tú. Pero el by-product de esta forma de interrelación es que la información que recibes es cada vez más estable, estándar y homogénea. ¿Qué se puede esperar de gente que es, come y piensa igual que tú? ¿Qué clase de linkeos, según el algoritmo de Google, entonces existirán?

Esta paradoja me parece esencial. Porque por un lado existe la sensación de un mayor contacto con el mundo, de una mayor diversidad, pero, al ser todo personalizado, tu mundo se vuelve necesariamente más pequeño: el distinto sobra, se hace una molestia. La pregunta sería entonces la siguiente: ¿qué sucede si esta personalización no solo se realiza dentro de los confines de la web sino que se lleva fuera de ella? ¿Qué sucede si de pronto los bloggers no solo intercambian información vía clicks, sino que se reúnen personalmente en el mundo real para hacerlo? Es la personalización al cuadrado.

Eso pasó con el concurso "20 blogs peruanos" (además de Blogday) organizado por Perublogs y Páginas Amarillas, un evento coporativo (agosto 2008) no solo hecho para los bloggers dentro del directorio de Perublogs sino, sobre todo, para los que no estaban ahí. Es lógico: no es necesario hacer publicidad para los ya convencidos. La pirámide debía crecer: más blogs implican más clicks y más clicks implican más dinero. Pero no olvidemos que solamente clicks, sino ahora también links: con respecto a éstos últimos cabía esperar entonces que blogs de intereses afines buscaran conectarse más entre ellos. Visto así, el "algoritmo de Google", para espacios tan cerrados como el peruano, es la palabra científica 2.0 de una nueva forma de amistad. Si yo tuviera un blog en estado germinal haría todo lo posible por estar linkeado por alguien arriba en el ránking: de ese modo mis navajas tendrían una oportunidad de venderse. ¿Qué mejor oportunidad entonces que un evento de este tipo? Los que están arriba en la pirámide, entonces, pasarían a estar más arriba aún. Mientras más ancha la base, más notoria la cúpula.

¿Pero llevó este evento realmente a personalizar más los linkeos según las nuevas reglas del ránking? Es difícil comprobarlo, pero no hay duda de que sí ayudó a algunos blogstars a realizar una especie de alianza algorítmica. Aquí el bocón del grupo se llama Jose Alejandro Godoy, quien en última entrevista con Luis Carlos Burneo, habla de cuatro blogs que forman un "nosotros": Utero, El blog del Morsa, Tercer Piso y Pepitas. Los tres primeros aparecieron en unafoto de Peru21 como personajes y bloggers del año. Los cuatro tienen una línea editorial similar y, al menos en un caso comprobado, tres trabajaron en conjunto (caso Chang). Añado una anécdota personal: José Alejandro Godoy me tuvo unas semanas en su lista de blogs linkeados. Luego de no hablar muy bien de su trabajo, desaparecí. El distinto se hace una molestia.



"Mamá: ¿linkeo al que me halaga o al que me molesta?"

La psicología del linkeo en la búsqueda de notoriedad debería ser toda una especialidad. Pero si bien no es posible meterse en la cabeza de los cibernautas, sí es posible rastrear sus efectos, la sombra que hacen. Hay varias actitudes que, en el 2008 pasado, han ejercido su influencia al momento de linkear y que han formado oposiciones del tipo "amigos/enemigos", "conocidos/desconocidos" "aliados/rivales", "GCU (gente como uno)/los otros", "los que piensan como yo/los que me rebaten", etc. Mi hipótesis es que, en la blogósfera de la notoriedad, se ha solido linkear casi siempre al amigo, es decir, al similar.

Actitud 1: la denuncia del "troll". Troll no solo es aquel que molesta por molestar. Es habitual que el "cargoso" que rebate y replica incesantemente sea catalogado de troll. El que piensa distinto, el que polemiza y disiente está etiquetado de manera peyorativa. No es anormal que al crítico se le responda: "si todo te parece mal, ¿por qué me lees?". Pedir que el que joroba se retire, pero invitar amablemente al que halaga, es una práctica común en la blogósfera de la notoriedad: nadie la quiere pasar mal.

Acititud 2: formación de los blogrolls. Si se revisan blogrolls de los blogs afines a los blogstars se verán citados casi siempre los mismos nombres. Para colmo de males se verá, además, contenido muy similar. ¿Por qué no linkear a los enemigos? El siguiente punto lo responde.

Actitud 3: No contestar al que critica. Es un dogma entre ciertos bloggers decir que el que disiente busca notoriedad. El mejor antídoto para el polemista crítico es el desprecio: ignorar, no responder y, sobre todo, no linkearlo. Para algunos bloggers la notoriedad propia está bien, en tanto que la ajena está mal. Pero lo importante no es eso, sino constatar cómo el linkeo en la blogósfera de la notoriedad está sujeto a una reacción emotiva de rechazo por lo diferente y no a lo provechoso para una discusión.

Actitud 4: Las campañas. Esto es muy evidente, pero no por eso menos interesante. Una "campaña" podría definirse como un grupo de personas pensando exactamente igual al perseguir un objetivo. "Adopta un congresista" y el duelo por la pérdida de empleo de Augusto Alvarez Rodrich son casos alucinantes de alineamiento y pensamiento monolítico. Pero lo más interesante es que es justamente por eso que los bloggers llamaron la atención en los medios tradicionales en el 2008. Para los medios, lo digno de celebrar no es la diversidad, sino lo similar, el espíritu de grupo, la collera ruidosa. Para un blogger la unión hace la fuerza. Estar solo es no existir.

Actitud 5: Twitter. Si, tal como se argumenta aquí, la blogósfera de la notoriedad es muy proclive a alianzas entre pensamientos similares, cuando hace uso del microblogging se convierte en algo peor. Al menos conozco un par de anécdotas de gente abusada en el twitter por pensar distinto. La rapidez y la brevedad no deja tiempo ni espacio para el intercambio de ideas. Entre cuentas de twitter, además, la personalización de la información es mucho mayor que entre blogs.

Actitud 6: "Tú no sabes de internet". Así, escuetamente, se responde a todo aquel que se atreve a decir algo en contra de la web 2.0. Lo paradójico es que esta frase defiende implícitamente el conocimiento especializado, la opinión del especialista. Pero para el blogger de la notoriedad solo existe una sola materia de especialización: internet. Si no sabes sobre él, reza esta idea, mejor quédate callado. Alucinante mordida de cola. Aquí el caso Lauer de agosto de 2008.

Fin de las actitudes. Resumo mi argumento: en la blogósfera de la notoriedad el ránking por links promueve que se junten los que piensan igual y que se ignoren a los distintos. Esto no tendría nada de malo si finalmente el objetivo es intercambiar experiencias personales o combatir la soledad. Pero cuando se intenta manejar información y hacer un servicio público -o periodismo- las consecuencias de la personalización son nefastas: campañas de desprestigio injustas, información distorsionada y visiones dogmáticas del mundo . La famosa diversidad bloggera en el mundo de la notoriedad es solo un mito. Las ideas reveladoras salen perdiendo. Los lugares comunes, ganando.



Fin de la primera parte. Para la segunda intentaré rescatar lo que yo considero lo mejor de la blogósfera peruana del 2008, porque, vamos, no todo es terrible. Estoy empezando a creer que en los blogs es posible leer cosas que en los medios impresos jamás aparecerán. Próxima parte:

"Enter the dragon: los académicos también bloguean"

Sigan en la sintonía y feliz año.


lunes, 7 de julio de 2008

La generación más estúpida


Hay cosas que siempre hay que explicar cuando se conversa con los entusiastas de la Web y uno intenta delimitar sus gustos: por ejemplo, creo que Facebook es una de las más grandes y estúpidas pérdidas de tiempo que se han creado, pero eso no hace necesariamente a sus usuarios unos estúpidos. Me inscribí porque alguien me dijo que era "mostro" -la versión peruana de "cool"-, pero a la semana me percaté de su manifiesta idiotez. Y, aún así, el que un usuario haga algo estúpido no lo hace incapaz de hacer cosas interesantes y con talento en otros rubros. Lamentablemente, con explicación y todo, la gente siempre se toma los comentarios personalmente. Y la réplica final es "será estúpido para ti", con lo que la discusión se termina echando mano a la seudofilosofía del relativismo en los gustos.

¿Pero no será lo anterior finalmente un síntoma de adolescencia? "El culto al amateur" de Andrew Keen debería cruzarse con "el culto al adolescente" para tener un cuadro más exacto de la vida online: el adolescente que es picón, que difícilmente suele ponerse en el lugar de la posición antagónica, el de los impulsos irreflexivos, el que tira la puerta cuando le dicen algo que no le gusta. Todos hemos pasado por ahí, y algunos, como yo, lamentando profundamente haber sido lo que alguna vez fuimos; lamentando, en suma, que la adolescencia sea este pésimo lugar mental donde se reclaman derechos sin levantarse de la cama, ni bañarse, ni siendo económicamente activos. Pero dejemos que el adolescente sea adolescente. Lo fregado es cuando al adulto no le parece una mala idea seguir portándose igual. No hay necesidad de lanzar la piedra: yo también he pasado por ahí, he puesto el freno de emergencia y he dado media vuelta. Unos lo llamarán con vigor y felicidad de no contagiados "conservadurismo". Yo prefiero llamarlo simplemente ser racional.

Aclaro un poco más el párrafo anterior: más fregado aún que un adulto que busca comportarse como adolescente, es un adulto apañador de la sinrazón de la adolescencia, un adulto que celebra, aplaude y felicita la estupidez. ¿Es que el avance de este coolness de la web 2.0 se debe a que menos adultos se sienten capaces de una buena réplica sin sentirse "autoritarios" o "reaccionarios? Algo de eso hay. Y si algún adolescente se ha sentido ofendido con este post porque siente que él hace rato que ha tomado el camino de la razón, pues vayan a él, lunar sorprendente, mis disculpas. Pero a los adultos les cabe siempre esa responsabilidad: señalar, replicar, responder, comentar y adjetivar cuando sea necesario. Es lo que hay que hacer luego de quedarse admirados de lo creativos, entusiastas y fanáticos que son los "chicos" mientras se va al cajero para pagar las cuentas de internet, su educación y, seguramente, esa fiesta de cumpleaños con la que siempre soñó. Qué frescos.

Post inspirado en esta reseña: The Dumbest Generation

Me pasaron esta notita. Es el tipo de noticia que inspira a los celebradores de la web 2.0. Para mí es una mutación bien extraña de la democracia. 

jueves, 27 de noviembre de 2008

Etiqueta blogger


Justo ahora que muchos piensan que escribir en periódicos ya fue y que no queda más que Blogger (hasta que Blogger cierre o nos cierre o decida qué hacer con tanta libertad de expresión), justo ahora, digo, me parece pertinente darle vueltas a la idea de qué significa publicar en internet. Haré una rápida y personal mesa redonda conmigo mismo. 

Me inspira el último post de Esther Vargas, en el que se pregunta a dónde se fue lo escrito por un periodista de Etiqueta Negra sobre el caso de Peru21 (meditación filosófica sobre la cual también se comentó en este blog). La Vargas pide que alguien le ayude a ubicar el texto en cuestión y al toque me dije: "hey, ¡yo lo tengo!" (1), pero acto seguido un tic de pudor seudoético me hizo esconder el mouse que hubiera abierto el archivo. Me puse a pensar mientras me rascaba el cogote y miraba al techo, que es como suelo pensar, y me dije: ¿no estaré violando algún tipo de regla o derecho de autor? ¿No será poco etiquetoso -léase, "mala leche"- republicar lo que se despublicó quién sabe por qué razones?

El caso no es nuevo. Me parece que antes sucedió con un texto sobre el que Iván Thays pidió expresamente -porque él era el autor- no sea circulado por otros blogs. Fue un texto que publicó y luego despublicó en uno de esos debates que el tiempo se encarga de calmar. Pero un precedente se estableció: es posible solicitar que no se republique, rebote, o se haga copy-paste lo que se publicó. Retroceder el tiempo, al parecer, es posible en internet.

No estoy muy de acuerdo (y a partir de aquí dejo de hablar del ejemplo del párrafo anterior y me referiré a mí mismo). Es verdad que metemos la pata una y mil veces con lo que escribimos. Es verdad que con la cabeza caliente salen posts de esos medio desquiciados y eléctricos que, luego de releídos, nos producen un profundo dolor en la boca del estómago. Pero creo que -aunque es nuestro derecho despublicarlos, borrarlos o hacer como si nunca hubiesen existido- algo se rompe dentro de la etiqueta -el código de conducta, no la revista- blogger. Hay algo que contradice mi sentido común si por la facilidad de las herramientas de la web 2.0 puedo yo deshacer mi propia mazamorra que salió más ácida, aguada o espesa de lo acostumbrado. Mi sentido común me dice: alguien ya lo leyó y me debo a ese alguien para cualquier discusión futura.

¿He querido borrar posts? Pues claro, como a todos nos ha pasado. A veces corrijo errores ortográficos o aclaro líneas que en la relectura tienen la fluidez de estilo de un chiquillo de quinto grado. A veces he querido reescribir todo o simplemente olvidarlo. Es normal: es el problema de la rapidez. Pero también es el problema del rollo web 2.0: no tenemos editor: the gatekeeper, diría Keen, is gone.

Tengo un truco sencillo para evadir los roches mayores en el posteo: envío los textos medio polémicos -si es que alguna polémica suscita este blog- a alguien de confianza (que no es mi madre). Digamos que es un lector con cierta experiencia al que sobre todo se le pide que detecte vacíos, arbitrariedades, lagunas, afirmaciones sin sustentar, oscuridades, chistes que no se entienden, etc. No se le pide que polemice conmigo: simplemente que me diga si lo que digo se sostiene. Todo comentario es bienvenido y casi siempre el texto mejora.

El proceso dura unos minutos (vamos, que tampoco es una tesis) y hago click en "publicar" con la confianza de la tarea hecha. El resto es materia y comidilla de los lectores.

Creo que a muchos politibloggers les vendría bien ese proceso en dos sencillos pasos. Es como cruzar la pista: primero mira a derecha e izquierda y luego cruza. Porque leyendo algunos posts sobre la candente actualidad peruana uno ve terribles accidentes, carreras felices hacia la muerte por atropello, ticos humanos en zig-zag envanecidos con su ansias medio suicidas de usar la opinión como una pistola en la sien (en la propia). Digo, releer no cuesta nada. Menos cuesta pedirle a otro que te lea, sobre todo si pides la cabeza de un ministro o la del Presidente del Mundo. 

A Esther Vargas le respondería: lástima, no puedo pasarle el texto que solicita. Es cierto que despublicar algo por internet es como si mandara una columna para un cierre de edición pero que, al descubrir horas después y en la noche que dije una gran estupidez, me despertara tempranito al día siguiente con la plena convicción de que podré evitar que los ejemplares se distribuyan, se compren o se miren. Sería absurdo por imposible. Pero en internet sí que se puede.

Es cierto: el caché de google está ahí. Pero usarlo es como fisgonear. Concluyo: aquí no se republicará nada por el momento, aunque tampoco se despublicará. Y seguiré feliz en mi mesa redonda pasando al siguiente tema: ¿por qué diablos me salen estos posts tan largos?


(1) Lo guardé hace unos días -extraído del caché- después de percatarme también que desapareció.

jueves, 26 de noviembre de 2020

"Kentukis" de Samanta Schweblin. Reseña.


La palabra "kentuki" remite por pura sonoridad al estado sureño de Estados Unidos. O quizá a alguna palabra japonesa. Pero no es lo uno ni lo otro. En la novela de Samanta Schweblin, “kentuki” es el nombre de unos muñecos de peluche de alta tecnología que pueden ser adoptados como mascotas, y cuyos ojos funcionan como videocámaras. Los kentukis se marketean y venden como iPhones, a nivel global, en todos los países. Son a la vez una monada, una moda y una adicción.

Hay aires futuristas en esta premisa, pero el universo kentuki no se aleja mucho del que vivimos hoy. Mientras leía la novela, no podía dejar de pensar en la sutil ciencia ficción de George Saunders, esa que se despega muy poco de lo contemporáneo, y a la que solo le basta modificar uno o dos elementos de lo habitual para volver lo narrado muy extraño.

Con Kentukis sucede algo similar. Al inicio no tenemos idea qué esperar. En la apertura, un kentuki merodea en el dormitorio de tres adolescentes que traman un plan para atormentar a una rival. El artefacto, pleno de autonomía, parece salido de la serie Black Mirror, pero sugiere también una suerte de demonio menor o genio de la lámpara inoportunamente liberado. Este vínculo con el terror tal vez sea influencia de mi recuerdo aterrado de la novela anterior de Schweblin, Distancia de rescate, pero hay ciertas marcas del horror en la narración: a las adolescentes se les ocurre usar una tabla ouija para comunicarse con el muñeco y éste, inesperadamente, se vuelve en contra de ellas. Es un gran inicio.

Sin embargo, la tensión del arranque no tiene resolución. La fábula de las niñas acaba ahí. Schweblin pasa luego a contar otro episodio del universo kentuki, con otros personajes que, luego veremos, nada tienen que ver con los iniciales. A este episodio le sigue otro y, después, otro. A la par que uno comienza a intuir la estructura de la novela, también uno va enterándose más sobre los muñecos. Los “kentukis” están manejados, en realidad, por otra persona, una total desconocida con conexión a internet, que acepta actuar de mascota-esclava. Quien compra el muñeco es, en cambio, un “amo”. Las interconexiones entre amo y mascota son completamente azarosas y globales. Por ejemplo, se puede ser mascota sudamericana de un amo europeo. El amo posee físicamente a la mascota, pero la mascota, con la videocámara, puede mantener oculta su identidad mientras observa el mundo de su amo. Rápidamente empiezan a surgir las preguntas: ¿quién tiene realmente el control de las cosas?

La novela, qué duda cabe, es ambiciosa. No solo se propone mostrar las tuercas y engranajes (o quizá los circuitos y los chips) de este mundo inédito, sino que en la acumulación de personajes, situaciones y ambientes, va desplegando además una sociología. Todo lo narrado se ciñe a la interacción entre amos y kentukis (que son, no hay que olvidarlo, otras personas detrás de una computadora), y a los comportamientos y emociones que esta interacción produce: fascinación, morbo, susto, decepción. Visto en perspectiva, el gran personaje es el colectivo o la humanidad. 

Es quizá por eso que no hay mayores clímax, aunque la novela posea un puñado de historias que sí tiene desarrollo y que estructuralmente lleva la lectura hacia adelante. Kentukis es, sobre todo, un oleaje narrativo que hace flotar a los personajes en eventos curiosos, insospechados, pero muchas veces ordinarios: una joven chica argentina se inquieta por la presunta infidelidad de su novio; una avejentada madre solitaria en Perú vive vicariamente la maternidad con una chica alemana; un adolescente en Antigua sueña con salir de su cuarto y conocer la nieve escandinava. Lo que parece llamar la atención de Schweblin es ese desfase entre un ingenio tecnológico que avanza a zancadas y una humanidad que sigue siendo pequeña, corriente, promedio.

No hay que forzar mucho la cabeza para entender que es la vida del internet global lo que está explorándose. Si el kentuki es una metáfora de la vida digital contemporánea, ésta pareciera tener dos caras: una lúdica y la otra siniestra. La ilusión del juego es suficiente enganche para empezar con la adopción de un muñeco, pero los humanos detrás de cada kentuki nunca se revelan completamente, mantienen sus intenciones opacas, o terminan distorsionados por una interacción limitada y de poca calidad (¿hay detrás de ellos una persona de bien o un criminal?). Por su parte, los amos no son más transparentes. Desde lo estrecho de una videocámara, sus propias vidas parecen marcadas por lo arbitrario y lo veleidoso. La novela no es una completa distopía, pero su clima grisáceo la acerca a ella. En ella, los seres humanos están sedientos de socialización. Pero, como diría el historiador Andrew Keen, uno de los más duros críticos de las redes, internet no es la respuesta.

3.5/5

lunes, 21 de julio de 2008

Haciendo “clack” con las encuestas en internet


La pequeña sección “Buenos días” en la portada de El Comercio siempre trae algunas sorpresas con su tono mezcla de buena onda, ingenuidad y optimismo de autoayuda. Para mí es una de las insufribles e inverosímiles. No sé quién la escribe, digita o maquina. Pero cada vez que la leo pienso que un Ned Flanders está detrás de ella.

Hoy la sorpresa es levantar la gran noticia de que 91% de peruanos encuestados por Apoyo está orgulloso de serlo. Me hace recordar la otra famosa pregunta de encuesta: “¿Se considera usted racista?” que siempre trae resultados sorprendentes, y que se explican porque el encuestado prefiere dar la respuesta correcta antes que la más honesta. Aun cuando muchas decisiones importantes se definen por encuestas, cada vez que leo una que intenta tomar ciertas temperaturas anímicas de los peruanos, desconfío. Pero no porque la capacidad de respuesta de los encuestados sea mala, sino porque la pregunta no admite matiz alguno. Porque ¿qué diantres significa estar orgulloso de ser peruano? ¿Y qué se necesitaría para responder que no? Alguien que piense que un peruano por ser peruano no está en capacidad de cumplir leyes, o ser sobresaliente, o ser solidario, o internacionalmente competente –ese tipo de factor que nos encanta subrayar con cada noticia sobre Juan Diego Flórez o Mario Vargas Llosa- no está dando una muestra de su perspicacia, sino de su alta capacidad de ser irracional. De la misma manera si piensa lo contrario. En efecto, ¿qué relación puede haber entre la nacionalidad y la mala o buena ciudadanía, quizás lo único, esto último, que debería hacernos sentir orgullosos como individuos estando en cualquier parte del mundo? Es obvio que ninguna. Habría que darle gracias a Apoyo por hacer preguntas irracionales que arrojan porcentajes irracionales. Sugiero, tangencialmente, colocar como opción ya no “Ninguna de las anteriores (N.A.)”, sino un muy autocrítico “el encuestado considera que la pregunta está mal formulada” que podría resumirse con un “P.M.F”.

Pero sigamos con “Buenos días” que, dicho sea de paso, se felicita, en representación del diario, haber colaborado con su “granito de arena” a ese 91%, haciendo alusión a las notas que han puesto “por todo lo alto” –fantástico tic del automatismo menos sesudo del periodismo local- lo que tiene el Perú. La nota, además, nos recuerda un par de célebres verdades sobre la peruanidad que la encuestomanía nos ha metido en la cabeza como absolutas: Machu Picchu es una de las siete maravillas del mundo; y la bandera peruana, la segunda más bella según un sondeo. Felicidades, peruanos.

Sin embargo, en este punto “Buenos días” mezcla papas con camotes en su bienintencionada sopa optimista, porque una cosa es la encuesta de una empresa especializada como Apoyo –que finalmente posee una metodología- y otra, muy distinta, la manía por el click de las encuestas de internet, rubro al que pertenecen las dos últimas célebres verdades. No hace mucho también, Peru21 –otra sucursal del optimismo sí-se-puede de la peruanidad- instaba a sus usuarios a votar por Mario Vargas Llosa en la encuesta por internet que la revista Prospect en asociación con Foreign Policy proponía para conocer a los intelectuales más sobresalientes e influyentes del mundo. Vargas Llosa, que al parecer no es ningún Machu Picchu, terminó en el puesto 20. Este puesto supuso una mejora de su performance virtual: en la anterior encuesta de Prospect 2005 acabó 29. Pero si se hubiese colado entre los diez primeros seguramente “Buenos días” lo mencionaba con justificado orgullo. ¿Top10, great; Top20, not so good? Aún así, si a alguno le parece que ser Top20 todavía está muy bien, cabría decirle que la revista Prospect se hizo serias preguntas sobre la validez de su propia encuesta una vez conocidos los resultados finales.

¿Quién fue el número 1? Para sorpresa de Prospect, el primer lugar cayó en el teólogo Fethullah Gülen, que en la anterior encuesta jamás apareció. Prospect lo presenta como un turco “apenas conocido en occidente” que a la semana de iniciado el proceso se disparó al primer lugar de la noche a la mañana y nunca bajó de ahí. Los de Prospect sospecharon de un hacker, pero luego descubrieron que otra dinámica estaba en juego. Porque la lista del top 10 incluyó, además del estupendo escritor turco Orhan Pamuk, a otros ocho musulmanes.

Prospect rastreó cómo se construyeron las campañas de esta votación. En Turquía, el diario Zaman –el de mayor circulación en el país- sacó una nota en primera plana alertando sobre la encuesta y la aparición en ella de Gülen. La mención de la votación se hizo con regularidad en las semanas siguientes, no solo en Zaman, sino en otros diarios turcos también. Y al parecer la disciplina de los seguidores de Gülen hizo el resto.

¿Qué conclusiones se pueden sacar? Prospect lanza algunas hipótesis. Por un lado, la capacidad de “conectividad” en internet en el mundo musulmán, sobre todo en los sectores más liberales: capacidad de enviar correos y de publicar webs. Unas cifras increíbles: en Turquía hay 3 millones de usuarios de Facebook, el cuarto país con más usuarios después de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá. El farsi, la lengua más hablada en Irán, es la cuarta lengua más popular en blogs. ¿Ser un intelectual de click en internet implica ser influyente a través de las ideas?

La revista se responde proponiendo presentar a este nuevo tipo de intelecual: uno cuya influencia es expresada a través de una red personal apuntalada por internet, y no por publicaciones o instituciones. O sea, quizás con más cabinas y más blogs, Vargas Llosa suba al primer lugar dentro de unos años. Lo que piense o lo que diga es, por supuesto, totalmente secundario, algo que “ya fue”.

Pero Prospect ya le encargó a alguien que hable sobre este fenómeno de obvio empobrecimiento. Ya se adivinará de quién se trata. Quién más pues: Andrew Keen.

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