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miércoles, 9 de enero de 2008

Señal de prueba


Este será el año de la opiniología. Todos opinan. Él opina, tú opinas, ellos opinan, vosotros opináis. Como lector adicto a los blogs desde hace un buen tiempo y a sus menudencias bélicas me he percatado de que la creciente marea de anónimos opinantes ha obligado a repensar la dinámica del diálogo y se ha llegado a la verdad suprema de que la mejor opinión es la que viene ligada por un tubito a tu nombre legal (con DNI) y por otro tubito a la glándula de la honestidad. No está mal como consenso. Lo último que hizo el administrador 07882819 de este blog fue firmar unas columnas de reseñas de libros en Correo -en la que ahora se encuentra su gran amigo y hombre de letras aceradas José Güich, saludos Pepe- que motivaron -al menos desde su atalaya de observación- reacciones más negativas que positivas. Es más, hasta un oftalmólogo dijo que algo andaba mal con la medida de sus anteojos. Vale. En la opiniología todos juegan y todo se puede. Pero el tubito No. 2 (el de la honestidad) siempre estuvo bien engrasado. En este blog se intentará hacer lo mismo. ¿Con la literatura? En su mayoría, sí, espero. ¿Con la literatura local? Claro pues. Veremos que sale. Por lo pronto este aviso: HABRÁ MODERACIÓN DE COMENTARIOS, LO QUE IMPLICARÁ HACER USO DE UNA ARBITRARIEDAD QUE LA MAYORÍA DE LAS VECES NI SERÁ EXPLICADA NI SUSTENTADA.

No molestarse.


PS: Mi memoria es mala: lo último que he firmado ha sido un par de textos para la pujante revista DEDOMEDIO, uno sobre el amor y otro sobre diez tracks para encamarse. Colocaba barbaridades (honestas) como la siguiente:

Sesión diaria de la pareja enamorada

Beautiful Girl – Inxs

Luego de varios meses –o años- dentro de una relación es difícil mantener la intensidad sexual del inicio. Esta verdad tan incontrovertible como el calentamiento global puede transformarse en mito teniendo como fondo al malogrado Michael Hutchence en su momento más soleado. “Bella niña, quédate conmigo” –la frase del coro-, no es un clamor, es en realidad una propuesta de matrimonio. Como el sexo a estas alturas no es desesperado, ni angustiante, y apenas si asoma con cierta lubricidad, las risas y las bromas matapasiones se perdonan con pellizcos en la mejilla: así sucede en toda gran amistad. Curiosamente, en esta sesión los amantes tienden a llevar el compás con las caderas, prueba irrefutable de la sincronía del amor crónico. Que Dios los bendiga, más allá incluso de la muerte.


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