viernes, 25 de enero de 2008

Nada fiel a la realidad


Ayer, una salida al cine a ver La letra escarlata de Wim Wenders (1972) con cierta expectativa en El Cinematógrafo. La experiencia fue torturante. Qué manera de echar a perder una novela. Reflexión instantánea: ¿puede una película tomarse licencias con la obra original, las que quiera? La serenidad dice que sí. Pero la rabia por una y hora y pico de sinsentidos dice que no. Wenders tuvo 25 años al filmar su Letra Escarlata en España (la locación que simuló Boston). Y parece que no comprendió ni una línea de la novela, ni siquiera argumentalmente. La rabia es siempre más fuerte que la serenidad. Y no está mal que sea así.

La relación que hay entre una película basada en una obra literaria –sus retroalimentaciones y sus tensiones-, son similares a las que existen, con mayor amplitud, entre la ficción y la realidad. Pero es una relación mucho más manejable porque, creo, una película y una novela son a la larga dos entes ordenados. La realidad no tiene orden, así que la ficción no se mete con ella en igualdad de condiciones: más bien, la violenta. Y en esa violencia hasta las personas más articuladas pierden la serenidad. O sea, la serenidad de saber que una ficción no tiene por qué guardarle fidelidad a la realidad.

Dos ejemplos estrenados no hace mucho en Lima: Fur y The Black Book. La falta de serenidad proviene las dos veces del New Yorker, pero por dos críticos distintos. Fur se basa en la vida de la fotógrafa Diane Arbus y su fascinación por los personajes extraños. La película se toma mucho tiempo en esta fascinación –que es una fascinación sin cámaras ni fotos- y narra el encuentro entre la Arbus y los amigos cercanos de un hombre peludo y misterioso, todos freaks. David Denby describe con impaciencia estos episodios para finalmente decir qué cosa le falta a la película:


In these goings on, there isn’t a trace of the Diane Arbus who was friends with many New York artists and intellectuals of the nineteen-fifties, who obsessively studied the work of August Sander and Walker Evans, who took classes from Berenice Abbott and Lisette Model, and who became a highly conscious, fully articulate teacher as well as a daring and even dangerous artist. This Arbus doesn’t have an idea in her head, though she sure is a fine lady. The movie is meant to be an erotically charged version of “Beauty and the Beast,” but it comes off as Mrs. Miniver Meets Chewbacca.

Es decir, a la película le faltó Historiar. ¿Es un mal argumento? Sí, pero también describe una reacción natural de la violencia de la ficción. Lo más probable es que Denby sólo haya conocido a la Arbus a través de otros libros (y, a lo más, por testimonios). Y esa es su realidad. (1)

Ejemplo 2. The Black Book. La película está basada en hechos reales, pero está narrada como una gran aventura y sin ningún tic documentalista. Es la historia de una joven mujer judía unida a la resistencia holandesa durante la ocupación nazi. The Black Book es muy entretenida y, por más dramático que sea lo contado, divertida. Pero a Anthony Lane, crítico de cine, lo saca de quicio:


In Holland, as in other occupied countries, acts of resistance were carried out with exemplary coolness. A browse through Elsa Caspers’s “To Save a Life: Memoirs of a Dutch Resistance Courier,” published in 1995, confirms as much, and I suspect that Caspers was a useful source for Verhoeven and his co-screenwriter, Gerard Soeteman. “To Save a Life,” however, is rooted in moral stamina and the harshness of deprivation; the winter of 1944 and the succeeding months (the time frame of “Black Book”) saw the Netherlands besieged by famine, with people grating tulip bulbs to make soup. None of that desperation pinches Verhoeven’s film. Resisters and collaborators alike are elegantly dressed, with plenty of flesh on the bones, and some of Rachel’s escapades have the casual air of a spree.

En una objeción que difícilmente se suele leer: el crítico le pide al director que le sea fiel al libro con el cual él –el crítico- conoce ese período de la historia. Es decir, le pide que sea un mago. Y sin embargo, su rabia está justificada: la ficción ha violentado su realidad.

Los seres humanos detestan la ficción que no guarda relación con su realidad. ¿Por qué? Es casi imposible decirlo -¿cuesta acaso demasiadas energías reordenar el mundo a cada rato?- pero lo cierto es que sucede. Después de años y años de decir que ficción e historia no se deben mezclar, hasta los más cultivados lo hacen. Pero no son metidas de pata de crítico. Al parecer, cada quien defiende sus territorios imaginarios diciendo: “tú no sabes lo que yo sé”.


(1) El director de Fur previó esta forma de interpretar su película y por eso la subtítulo An Imaginary Portrait of Diane Arbus. A pesar de ello, en este caso fue difícil que la ficción se saliera con la suya.

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