miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nueva cédula de votación: una propuesta


Un espíritu cívico que se precie de comprometido debe impulsar a los ciudadanos honestos no solo a ver cómo camina sola la democracia, sino a caminar con ella y, de ser posible, ayudarla a caminar. Es por eso que aquí presento un humilde grano de arena para la contienda eleccionaria municipal del próximo 3 de octubre. Se trata de una nueva y remozada cédula de votación que tiene como finalidad facilitar el sufragio, de modo tal que las intenciones del elector no se vean distorsionadas, tergiversadas o anuladas bajo ningún motivo, percance, accidente o trampa opto-psicológica. Asegurar que el voto pensado sea el voto realizado es quizás el basamento fundamental de nuestra aún precaria democracia. Las pruebas que he llevado a cabo con un focus de diez (10) personas me confirma la utilidad de esta cartilla que hoy presento ante ustedes. Repasemos juntos sus características.

Un ojo atento observará que la cartilla consta de solo ocho candidatos u opciones. Sorprendente, ya que el total de candidatos para la alcaldía de Lima es oficialmente doce. Sin embargo, si tomamos en cuenta las encuestas últimas se deberá admitir la ínfima -por no decir imposible o aplastantemente contraintuitiva- posibilidad de que algunos candidatos sean elegidos. Tal es el caso sobresaliente de Gonzalo Alegría de Acción Popular, a quien el director del diario El Comercio le negó la posibilidad de participar en un primer debate municipal por estar debajo del 2% de las preferencias. Criterio sin duda inteligente que separa grano de paja, economiza, abrevia discusiones vanas, y que rescatamos en nuestra cédula. Es que la democracia no debe esperar, máxime aún en estos tiempos donde un radicalismo atrasado amenaza con resurgir. Alegría ha sido un estupendo animador de las discusiones municipales y le agradecemos desde ya sus aportes a la contienda electoral. Pero en esta cartilla no entra.

Sobre los demás candidatos no incluidos no vale la pena abundar porque la idea es la misma. Recordar programas de gobierno ya es bastante denso como para que a ellos le sumemos el nombre de la agrupación, el nombre del candidato y el logo. La modernidad exige simplificaciones.

Es en aras, entonces, de la simplificación que se proponen en esta cartilla nuevos logos para los candidatos en contienda. Considerando, nuevamente según encuestas, que el elector aún no está familiarizado con los símbolos de los partidos y que tal confusión se refleja en un descenso en los números porcentuales cuando se realizan las simulaciones de voto, pensamos que la incoporación de logos fool-proof vendrá a resolver esta limitación. Vayamos de arriba a abajo.

Fuerza Social: El ingenio popular resuelve mejor que cualquier creativo publicitario el obtener una imagen de gran recordación. Reemplazar un ambiguo "FS" (¿"fútbol sala"?, ¿"formspring"?) por un simpático personaje de fábula -que hasta un niño conoce- va en favor de las intenciones de esta agrupación.

Unidad Nacional: No se busca reincidir con este símbolo en la llamada "guerra sucia". Al contrario. Es una manera de revertir los efectos del golpe bajo. De meterse un voto al poto a marcar un poto con una equis hay una gran distancia, la distancia que separa el hartazgo de la asertividad. Además, nótese la evocación visual que unas posaderas hacen de un ánfora.

Restauración Nacional: "¿Lay no es de papitas Lay?" Esta pregunta, que es señal inequívoca de las intenciones del elector de emitir un voto informado, tiene su correlato en los crujientes y sabrosos bocadillos que aparecen en el símbolo.

Somos Perú: Quizás el acto público más notable de Fernando Andrade fue no esperar que un comando ingresara a una embajada tomada para rescatarlo. Con armas y un buen plan, cualquiera puede. El símbolo muestra la capacidad de improvisar en situaciones límite, cualidades que todo alcalde debe tener.

Cambio Radical: Cómo transformar una chapa denigratoria en potencial capital de arrastre fue la pregunta que Fernán Altuve resolvió casi al instante. Su tolerancia democrática y ancha correa hacen de la ovulación de un ave un símbolo de esperanza, de una nueva era que está por nacer.

Cambio Radical: La inclusión de una segunda versión de Cambio Radical intenta convertir esta cartilla en un instrumento mucho más democrático que su antecesora. Qué habría ocurrido si uno de los favoritos no era tachado por el JNE -acto contrario, recordemos, a las preferencias populares- se responde con esta elección.

..... : No es necesario saber el nombre de la agrupación, ni del candidato. "Voto por el helicóptero" es la sumilla brillante del voto emotivo, que también debe tener su lugar. Basta y sobra entonces con la representación del vehículo aerodinámico.

Apoyo: Este último recuadro sin duda generará mucha controversia, pero es el reconocimiento absurdamente pospuesto de que la ciencia nunca bien entendida del "sondeo de opinión" tenga ya un lugar oficial en la cédula electoral. Como se sabe, la ONPE nos tiene acostumbrados a largos procesos de conteo, a suspensos innecesariamente extendidos, a impugnaciones que dilatan la verdad numérica que todos los ciudadanos desean conocer. Al marcar este símbolo el elector opta entonces por darle al conocido "sondeo a boca de urna" un peso definitorio y concluyente. Como si dijera "que sea lo que Apoyo diga".

Es probable que sean necesarios más ajustes a esta cartilla -repárese en el hecho que el orden de los candidatos simula el orden de la última encuesta pública, lo que orientaría mucho mejor al elector y agilizaría su sufragio-, pero para eso están los comentarios de esta entrada. Las sugerencias son bienvenidas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Se busca moderador

Hay una imagen no poco común que suele ser fascinante cuando se camina por las calles de Lima (ignoro si sucede en otros lados). Es la imagen de un policía de tránsito replicando lo que hace el semáforo en una intersección.

Cuando el semáforo cambia a rojo a veces puede verse al (o a la) policía ordenar a los autos detenerse con el silbato y las manos. Cuando cambia a verde hace exactamente lo contrario. Por qué actuaría un representante de la autoridad esa redundancia, pues no lo sé. ¿Quizás porque la autoridad simbólica del semáforo no es suficiente? Posiblemente. ¿Será una vacuna frente a un potencial foco de anomia social? También.

Con esa imagen en mente no puedo evitar pensar que lo mismo sucede en los debates electorales de dos contrincantes tal cual los conocemos. El moderador es como el policía. El cronómetro es su semáforo. Se elige un tema y luego hay cinco minutos para uno, cinco minutos para el otro. El cronómetro marca, ordena. Y el moderador canta lo que dice el aparato. ¿Resultado? Un debate que no es debate, sino la simulación de una conversación, tal cual la sería entre dos entes paporreteros. Con esa dinámica el moderador podría ser cualquiera, alguien inteligente o estúpido, alguien divertido o aburrido, alguien previsible o agudo. Es obvio: solo hay que apretar un botón, esperar cinco minutos, decir cuándo se llegó a los cinco minutos y repetir el ejercicio. Un niño puede hacer eso.

En vez de la simulación humana de un reloj de arena, entonces, sería deseable que se convocara verdaderamente a un moderador. Alguien que proponga los temas con las esperables dosis de interés y controversia, alguien que no sea tan pavo de cortar una respuesta solo porque el participante se pasó unos segundos o un minuto o dos minutos del tiempo "reglamentario", alguien que sepa medir la temperatura de las intervenciones de modo que admita la posibilidad de una réplica no estipulada por las normas, alguien que pueda imaginar una pregunta incisiva nacida al calor de lo dicho, alguien que deje que en el debate se pueda conversar hasta que, si la fiebre excede ciertos límites, pueda, por supuesto, actuar como un referí de ring de box separando a los contrincantes.

Eso es un moderador.

Lamentablemente tendremos en el debate del 27 - es de sospechar- nuevamente al maniquí, a la máquina, al voz de zombi, al aprietabotón, al bobo, al aburrido. Es por eso que dicen que un debate no influye en nada. ¿Quién quiere ver una seguidilla de clichés exclamados con voz de piquichón si no hay alguien que pique a los gallos? Es como ver al policía haciendo lo mismo que el semáforo, un remedo, una rutina que ya sabemos cómo va a terminar.

No creo que un debate más libre y espontáneo sea de temer por las candidatas que se van a enfrentar. Las dos, Flores y Villarán, parecen suficientemente convencidas de eso que se llama buena fe.

Pero encontrar al moderador que imagino sí que podría ser difícil. No se me ocurre ninguno. ¿Bayly? No frieguen. Ningún periodista a estas alturas podría ser moderador de nada. Casi todos han asumido sus bandos.

Acabo de ver un debate que me ha entusiasmado y que me motivó escribir el post. Es uno entre Richard Dawkins (ateo) y John Lennox (teólogo). ¿Y quién fue el moderador? Un juez. No es mala idea.