jueves, 23 de mayo de 2019

La novela como historia

Empezaré a republicar por aquí algunas reseñas que solo coloqué en Facebook. Esto es de abril del 2018. La versión tiene algunas modificaciones. 
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Esta lectura es de nicho. Tiene que ver con mi única obsesión en la teoría literaria: las relaciones entre la literatura y la realidad. O, formulado de otra manera, la ficción y la verdad. Entiendo que esto pueda ser muy aburrido o poco interesante para el lector ocasional, pero hasta el lector más ocasional se ha preguntado alguna vez: ¿dicen las novelas la verdad?

La respuesta parece obvia: ¡claro que no! Pero, aunque usted no lo crea, muchas personas, incluso las muy cultas y leídas, piensan que sí. En La novela como historia, Eduardo Posada Carbó, periodista colombiano e historiador de Oxford, va al meollo de este tema con absoluta transparencia. Es un volumen que reúne una serie de ensayos que discute la relación entre la ficción y la historia. Para ello coloca en el quirófano analítico al tesoro cumbre de la literatura colombiana: Cien años de soledad de García Márquez. Posada Carbó ve un serio problema en cómo los historiadores han usado la célebre novela “como una fuente fidedigna para la reconstrucción y entendimiento del pasado”. En esta disección, Gabo —que se vanagloriaba de inventar maravillas ahí donde nada había pasado— tampoco queda bien parado, pero el autor intenta ser lo más justo posible, tanto con la literatura como con la historia.

Es necesario algo de contexto. El evento clave que Posada Carbó analiza es uno central en la historia colombiana: la matanza de las bananeras de 1928 en Magdalena, al norte de Colombia. Este evento no solo es crucial por el horror de la respuesta represiva del gobierno conservador de ese entonces, sino porque puso fin a la hegemonía conservadora que llevaba varias décadas. Tras ella, apareció el populista Jorge Eliécer Gaitán, enorme personaje para la historia de Colombia, cuyo asesinato años después desencadenó el llamado “Bogotazo”. Como recordarán, la matanza de las bananeras es un episodio importante en Cien años de soledad. La controversia que Posada Carbó intenta dirimir es el número real de muertos que hubo. No es un tema menor para un historiador. Y he aquí lo curioso: García Márquez escribió en su novela que los muertos tras la matanza fueron tres mil, pero, años después, confesó que infló el número porque necesitaba un desenlace espectacular en su relato. Para él, en la huelga contra la United Fruit Company, no hubo más de tres o cinco fallecidos. 

Cien años de soledad tuvo tal impacto cuando fue publicada que la cifra de tres mil muertos quedó grabada en el imaginario colombiano y, desde entonces, es repetida constantemente, incluso por historiadores. Sin embargo, no solo estamos frente al problema específico de un dato ficticio que se cuela como real, sino el más amplio de reclamar la superioridad de la literatura frente a la historia para entender el pasado. Es una idea, dice Posada Carbó, “muy frecuente entre nuestros escritores”. Tanto es así, que algunos críticos piensan que la verdad de Latinoamérica está en sus novelas.

Por cierto, en ningún momento el historiador buscar refutar la literatura. Entiende, como todos deberíamos entender, que una novela no tiene por qué guardar fidelidad a los hechos históricos. En ese sentido, Gabo es completamente inocente de haber hecho con su novela lo que era necesario para la novela. Pero al mismo tiempo, Gabo el intelectual, Gabo el influyente, Gabo el periodista, fue además un gran crítico de la historia como oficio. No le reconocía ningún avance. El escritor sospechaba de las “historias oficiales”, creía que los colombianos sabían muy poco de historia, que no sabían quiénes eran, que vivían anclados en la colonia y que la historia oral era, en buena cuenta, “mejor que la escrita”. Al parecer, y según Posada Carbó, García Márquez no tenía una gran vocación por retratar fielmente el pasado. Es más, en su autobiografía Vivir para contarla, al narrar nuevamente cómo elaboró el pasaje de las matanzas en Cien años de soledad, el colombiano afirma que, luego de hacer una extensa investigación, llegó a la conclusión de que “la verdad no estaba en ningún lado”.

En uno de los ensayos, Posada Carbó va tras la verdad e intenta reconstruir factualmente los trágicos sucesos de 1928. Para enterarse qué fue realmente lo que sucedió tendrán que leer el libro. Una gran conclusión de La novela como historia es que novela e historia son dos géneros distintos, cada uno con sus propias reglas (diga lo que diga Hayden White, mencionado críticamente en el volumen). La historia busca ser fiel a la verdad y por eso es refutable. “Toda historia requiere perpetuamente ser corregida por más historia”, escribe Posada Carbó citando a Herbert Butterfield, historiador británico. Pero eso no significa que debamos dejar de lado las novelas. Para un historiador las novelas son insumos importantes porque, como sucede con Cien años de soledad, a veces a partir de ellas los lectores construyen realidades sobre sí mismos, algunas muy potentes y duraderas.

La novela como historia es un libro muy breve, y sirve muy bien como punto de partida de lecturas más profundas sobre el tema. En lo que nos toca a los peruanos, nada inmunes a violentar el límite entre ficción y verdad, bien valdría repasar, por ejemplo, aquella mesa redonda de 1965 entre José María Arguedas y un grupo de sociólogos sobre Todas las sangres. O, cómo no, releer por enésima vez Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa, una de las novelas más citadas y usadas para explicar las estructuras profundas —¡las reales, no las ficticias!— de la peruanidad criolla. ¿Nos habremos jodido como lectores?

4/5

LA NOVELA COMO HISTORIA
Eduardo Posada Carbó
124p.
Taurus, 2017.

jueves, 9 de mayo de 2019

Órganos, Piura, Perú













*fotos del bloguero