miércoles, 16 de enero de 2008

Un freak en la tumbona



La semana pasada vi la pequeña lista de libros que Caretas hizo para leer en la playa o en las tardes calurosas del verano 2008. Y aunque en teoría cualquier libro se puede leer en la playa, siempre y cuando sea adecuadamente portátil, me sorprendió no ver el que puede ser el libro playero por excelencia de este verano, la mejor compañía de la tumbona: Lima Freak de Juan Manuel Robles. No hay ánimo peyorativo: para que un libro coja tu atención en la playa tiene que ser muy entretenido. Lima Freak -un conjunto de ocho perfiles, para usar el término técnico-táctico de los dedicados al periodismo literario que describe lo que, visto con ojos más perezosos, no sería otra cosa que una biografía de pocas páginas- lo es y, además, puede serlo con cualquier tipo de lector. Está estupendamente bien escrito. Gran punto a favor.

Mi primer pero viene con el título. Los freaks son ocho en total: Genaro Delgado Parker, Frieda Holler, Cromwell Gálvez, Sofía Mulanovich, Leslie Stewart, Rafael Osterling, Laura Bozzo, Augusto Polo Campos. Conclusión de primer vistazo: ¿qué pueden tener de freak Delgado Parker, la Mulanovich, Rafael Osterling o la simpática neurótica de sobremesa Frieda Holler? Si hay algo que los une es el éxito en su sentido más tradicional. Y eso, para mi gusto, los exime del freakismo. Pero, además, sus psicologías, tal como aparecen en Lima Freak son tan humanas como cualquiera: Papaúpa es un prepotente del dinero; Sofi una cabeza hueca de las bravas, una que sólo corre tabla; Osterling un engreído -aunque es divetido leer cómo Robles se prodiga en guiños homoeróticos sobre el cheff-; y con la Holler podría haberse quizás sugerido que es una obsesivo-compulsiva patológica, pero la señora es tan buena persona y sus metas de vida tan irreprochables, que es todo un ejemplo de vida virtuosa. ¿Freaks? Por ningún lado.

Por su lado, Stewart no es ni freak ni exitosa. Es más, ¿alguien podría saber exactamente por qué es celebre? ¿Por el cuerpazo? ¿Por sus escándalos más básicos? Laura Bozzo es un caso fronterizo: no es un freak, es un capítulo de la dimensión desconocida, el personaje de la TV que nunca pudo volver a la realidad.

Pero, ¿qué es un freak? Robles se toma unas páginas para explicarlo y dice lo que yo más o menos tenía entendido: un "excéntrico a tiempo completo". Pero también extiende el significado un poco más: "aquel que se obsesiona con algo". Así las cosas, todos somos freaks. Pero debo mis reticencias a Tod Browning quien en su película Freaks definió el concepto para siempre: gente célebre y notoria por sus excentricidades o deformaciones físicas, o sea, por un supuesto talento único que todos quisieran ver, pero que nadie quisiera tener. El freak es un ser menor, alguien que vive al margen, irresistible para el morbo e imposible de emular. Por eso digo que el éxito convencional exime a cualquiera del freakismo.

El título, entonces, creo que fuerza un tanto el sentido para el empaquetamiento correspondiente. Nada grave. Pero si hay dos perfiles -los mejores y verdaderamente antológicos- que rescatan al freak al modo browningniano son los de Cromwell Gálvez y Augusto Polo Campos. El primero es un freak de las matemáticas y de la ventanilla bancaria -¡genial fenómeno!- que usó su talento para robar y conseguir chicas. El segundo, un ex policía tocado por los dioses para hacer rimas. No rimas excelsas ni profundas: rimas no más, pero en tiempo récord. Con ellos el estilo de Robles -y su propia mirada que está a medio camino entre la cachita peruana y el refinamiento dandy- cae a pelo, porque al ser tan florido, su ojo de pez literario deforma estos genuinos freaks hasta volverlos dignos de cariño. Y es con Cromwell Gálvez con quien se da el único momento de emotivo patetismo en todo el libro, el freak que comprende su destino de freak:

"-Chola, creo que mi reinado se va al diablo.
-¿Qué dices?, ¿por qué hablas así?
-Porque ustedes no me van a devolver la plata. Y vas a ver como mañana más tarde me voy a quedar solo."

El otro elemento freak en Lima Freak es el propio Juan Manuel Robles. Al final del libro incluye un epílogo donde explica su poética hablando de "alternativas estéticas", "no ficción", "periodismo narrativo", "literatura (sin adjetivos)", "capacidad de observación", "crónica de personaje", "perfil de situación" (que es la definición propia de sus textos), "entidad literaria única e imperecedera", "la búsqueda de una verdad profunda", "un relato que se arriesga y gana", "forma de literatura en la que no vale mentir". No atemorizarse: este libro está hecho para la tumbona.

Vamos a la playa. Cante y gane:



Los Red Hot Chili Peppers nunca se concentraron tanto para lo siguiente:



En la imagen: el increíble caso de Richard Sandrak.

1 comentario:

Juan Manuel dijo...

Acabo de leer el libro de robles. no me había dado cuenta, pero ha sido prologado por Juan Bonilla. yo que la editorial pongo eso en la portada (Bonilla es un maestro). creía que robles era un etiqueta-boy más... no es así