lunes, 17 de enero de 2011

Correr en el malecón

La gran desventaja del verano para quien gusta de salir a correr por el malecón en Miraflores son los horarios. En Lima el sol empieza a calentar fuertemente entre las nueve y las diez de la mañana y se mantiene intenso hasta las cuatro y media o cinco. No es conveniente salir entre esas horas. Sin embargo, la gran compensación de estas restricciones son los magníficos atardeceres. Al placer del trajín aeróbico, se le puede sumar el placer del paisaje.

Es posible conceder que las estampas miraflorinas del malecón al ocaso sean tópicas y excesivamente aletargadas. Pero tal muzak visual relaja y amansa el espíritu. Uno ya no suele correr con la mirada detenida en el suelo -medida necesaria para evitar cualquier irregularidad del pavimento- sino en el horizonte. Se reconoce al instante la paleta cromática ligeramente lavada de muchos cuadros expuestos en el Parque Kennedy.

El circuito del malecón, convenientemente dividido en dos, un carril para ciclistas y otro para peatones, suele tener un tráfico muy ordenado. A diferencia de lo que sucede en las pistas aquí nadie se grita, ni se impacienta, ni se insulta. Todos son bienvenidos. Para quien corre los únicos potenciales peligros de la ruta, si pueden ser llamados así, son los niños muy pequeños -de movimientos bruscos e inesperados- y ciertas familias extensas cuyos miembros caminan uno al lado del otro bloqueando el ancho completo de la calzada. No se tome en cuenta el asesinato al paso de un joggista ocurrido hace unos meses en la mañana. Fue una situación excepcional.

Quien esto escribe cubre la distancia que va desde el Puente Villena hasta el Coliseo de la Avenida el Ejercito, ida y vuelta. Según sus cálculos son cuatro kilómetros y medio aproximadamente. La mayoría de corredores con los que se cruza son personas de más de treinta años. Es explicable (salud, prescripción médica, retardo del envejecimiento, etc). Probablemente la mayoría sean mujeres.

Salir a correr es al inicio una obligación disciplinada; luego es una necesidad. Solo después de un tiempo se transforma en un placer. Sucede cuando la resistencia del aire, casi mágicamente, comienza a tener la consistencia del agua. La física enseña que ambos elementos son fluidos.

7 comentarios:

LuchinG dijo...

Yo salía a correr hasta hace unos cuatro años, incluso de vez en cuando me venía de la oficina corriendo, hasta que me tuve que operar la rodilla. Moraleja: nunca cumplas más de treinta y cinco.

Luis Aguirre dijo...

Pero sospecho que sí podrías nadar. Es un deporte de mucho menos impacto.

LuchinG dijo...

Me he comprado una trotadora estacionaria. Así además puedo escuchar textos sin peligro de irme de cara a suelo.

Luis Aguirre dijo...

Ah, eso me olvidé poner. No es esencial, pero sí ayuda mucho correr escuchando musica. Le da mucho ritmo al cuerpo. Y si eres muy meticuloso, puedes armar un playlist con canciones de bpm similares.

LuchinG dijo...

Para mí eso es fatal, dejo de prestar atención al piso y me voy de cara. Escuchar música, con la bolsa de box, pero ya no lo hago mucho, a mi edad más importante es no lesionarse.

Edu dijo...

Yo también corro un poco, pero le tengo amor odio a este deporte, como que mi cuerpo no está hecho para esto pero yo insisto, me cuesta un montón pero sigo ahí, en mi caso encontré en el sufrimiento algo placentero.
Además ahí aprovecho para ir escuchando podcasts que en otros momentos no puedo

Necia dijo...

hum... yo no corro, nomas camino y he encontrado mucho placer en hacerlo a la orilla del mar. recorro como unas 5 millas de ida y otras de vuelta, entre una playa y otra. me siento al llegar a la meta y de paso practico un ejercicio para recuperar la actividad de mi mano izquierda que no quedo bien despues de un accidente: levantar arena seca y dejarla caer (cien veces) y luego hacer lo mismo con arena mojada. ya vengo haciendolo por mas de tres meses y... como que no funciona mucho la cosa