miércoles, 2 de noviembre de 2011

Si los niños leyeran a Dawkins


A veces creo que si hubiese empezado mis lecturas de Richard Dawkins en la adolescencia me hubiera ahorrado algo de infelicidad. No se culpe a nadie, cada quien vive lo que le toca vivir -sobre todo en sus primeros años-, pero sí tengo la convicción de que mi vida ha sido mejor desde que leí a Dawkins. No en términos de ahorros en la cuenta bancaria, obviamente, pero sí en la percepción de mi propia felicidad. Aunque suene paradójico esto se ha traducido en el lema "bajemos la valla".

Bromas aparte, algo que me he preguntado con cada libro leído del biólogo -acicateado por mis propias experiencias personales- es cómo traducir sus contenidos en una versión sencilla para un niño curioso. ¿Se puede? ¿O en la niñez es demasiado pronto?

Dawkins ha respondido publicando hace poco "The Magic of Reality", un libro para niños que además de un compendio de preguntas y respuestas es la presentación de una visión de las cosas: Dawkins les propone a los nenes conectarse con la realidad y aprender a ver en ella lo "mágico".

Para eso empieza con una férrea defensa de los sentidos, los cinco que conocemos, y de cómo hemos aprendido del mundo fiándonos de ellos, ya sea usándolos directamente, indirectamente con el uso de instrumentos, o imaginando modelos que luego debemos poner a prueba. Sencillo y elegante como punto de partida para buscar la verdad (pero también una lección difícil, pienso yo, habida cuenta de las numerosas personas que prefieren ilusionarse con matrices, lunas habitadas o realidades profundas donde somos el sueño de algún dios perverso).

La "magia" del título no tiene nada que ver con lo sobrenatural de las ficciones o con la charlatanería de un médium comunicándose con los muertos, sino con lo sorprendente que puede ser lo real. Dawkins la llama "magia poética", aquella sensación de maravilla que nos embarga, por ejemplo, al ver una noche estrellada.

En una entrevista a Dawkins le preguntaron si realmente pensaba que su relato sobre lo real podría reemplazar las decenas de aquellas otras historias que han hecho soñar a los niños, llenas de encantamientos, varitas mágicas o alfombras voladoras. Respondió que sí, absolutamente.

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