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domingo, 15 de noviembre de 2009

La desesperada búsqueda del gatekeeper

Coloqué este pequeño texto de Andrew Sullivan de The Atlantic en mi FB y creo que también conviene colocarlo aquí. Rebote del rebote:

In a Long Tail economy, the role of the gatekeeper becomes extremely important. The gatekeeper can be a traditional one, like the NY Review of Books, or a more modern one like the reviews on Amazon, or it can be some unknown blogger who I happen to find has interesting taste. But I need someone or something to help me find the crap that means something to me. (...) The gatekeepers own the future.


La última frase lo ilumina todo: frente a la vastedad de internet, casi como un movimiento natural, un tic reflejo, el que se pasea por internet necesita, requiere toma oxígeno a través del gatekeeper. No hay manera de que no lo haga, de que no jerarquice. Y tengo la impresión de que una vez que chapa a su gatekeeper, difícilmente lo suelta. ¿Hay alguna disciplina que estudie la relación entre el internauta y el gatekeeper? Es casi una relación de ciega confianza, de entrega, como la que un consumidor tiene con un producto de diaria necesidad, sea un jabón, una pasta de dientes o papel higiénico.

Obviamente si lo ofrecido es información lo lógico sería que el navegante se dirigiera a los gatekeepers mejor informados y más honestos. Pero la vida no es lógica. Suele ser bastante irracional. Y es por eso que uno sigue viendo a ciertos gatekeepers -léase bloggers o FBers- que gozan de una popularidad envidiable a pesar de que ofrecen muy poco o casi nada. O que muestran sus sesgos tan abiertamente que sorprende que nadie pitee. 

El futuro es de los gatekeepers. ¿Pero cuáles? En un mundo perfecto creo que muchos alucinan a un usuario en constante estado de alerta, peinando las selvas tupidas de la red como un comando, destruyendo con su indiferencia la basura y rescatando en Favoritos o en el Reader el dato valioso. Wiflas. Lo más común es este usuario pavloviano, presto a hacerle caso al escándalo, al calateo, a la noticia pintoresca, al guiño sexual y al flaming. También creo que el gatekeeper escéptico tiene las de perder. Mucho más atractivo es el gatekeeper seguro de tener la verdad, el obseso, el fanático, el maniqueo, el que se construye enemigos perfectos y amigos impolutos. La duda, la repregunta, la ambigüedad y el vaivén argumentativo son pasados de largo sin mayor atención. ¿Por qué? Porque se bucea en la red y se hace click para obtener respuestas, no para ser interpelado. Hombre: simplemente no hay tiempo para otra cosa.

Andrew Keen, uno de los promotores de la idea del gatekeeper, en un debate con Jimmy Wales de Wikipedia, llegó a la conclusión de que Wikipedia -tan vilipendiada por él- no era una enciclopedia. Es decir, no era comparable a la Enciclopedia Británica porque tanto aquélla como ésta eran cualitativamente distintas. Acto seguido sacó un cuento de Borges -"La biblioteca de Babel"-, leyó unas líneas y dijo: eso es Wikipedia. En Wikipedia está -o estaría, o aspira a- "todo". En la Enciclopedia Británica, los datos valiosos de ese todo. 

En otras palabras -y esto no lo dice Keen, pero es lo que se desprende-, la Enciclopedia Británica está subsumida en Wikipedia (ella y, con seguridad, varias otras enciclopedias más). Pero si Wikipedia logra coronar su éxito máximo -es decir, si finalmente es capaz de poner todo en su site- entonces su valor intrínseco sería nulo: Wikipedia no haría ningún sentido y llegaríamos al absurdo de requerir de una enciclopedia para poder navegar en ella.

Ese absurdo ya llegó y está aquí: la desesperada búsqueda de gatekeepers es lo único que calma nuestra angustia frente a lo ilimitado de la web. Y estamos dispuestos a chapar lo que sea; tanto así, que hemos llegado al nuevo absurdo de tener gatekeepers de los gatekeepers, es decir, gatekeepers al cuadrado y, sin dudarlo, al cubo, que es lo que sucede al leer una noticia del blog de tu blogger favorito, cuando lo único que éste ha hecho es tomarla de un agregador (y así hay que ir hacia atrás hasta encontrarse casi con la primera causa como Santo Tomás, aunque no creo alguien tenga el tiempo para hacerlo).

Resumen de la primera idea: no hay navegador de internet sin gatekeeper. Ambos se implican. Pero aún quedaría resolver más claramente la segunda: ¿de qué tipo son los gatekeepers más buscados? Ya sugerí que andar bien informado no es la prioridad: el usuario pavloviano vendría a ser el especímen más común. Pero hay una razón para que el usuario se comporte así. Y tengo la impresión de que la infinitud de la web, sus horizontes amplísimos, su ambición por el todismo y su inacabable suma de datos producen otra angustia: la de no estar solo. No por nada las redes sociales son un éxito. El usuario no busca estar mejor informado, sino saber el dato que todos los demás conocen, justamente para no sentirse excluido de la discusión. El dato gregario, la información que trae consigo la identidad de grupo, el meme social: la desesperada búsqueda del gatekeeper es la desesperada búsqueda de tener a alguien que anime la fiesta y que mantenga al rebaño junto. Contra eso hay que competir y contra eso, creo, la batalla está perdida. Welcome to the machine.




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