domingo, 20 de abril de 2008

¿Con quién no me puedo acostar?


John Deaves (61), australiano, desafió la ley de su país embarcándose en una relación incestuosa con su hija, Jenny Deaves (39). La justicia los condenó en marzo último y durante tres años no podrán tener relaciones sexuales. La pareja tiene una niña de nueve meses.

El caso dio la vuelta al mundo y, como en todo caso extremo, uno nunca sabe donde pararse o desde dónde formarse una opinión. La verdad, yo no me detuve a pensar mucho en el asunto hasta que me topé con un pequeño debate en la BBC en el programa "Everyday ethics" * que tenía como pregunta lo siguiente: ¿es el incesto un derecho humano y, si lo es, deberían ser abolidas las leyes que lo prohíben?

Me tomo prestadas varias consideraciones de aquella discusión que empezó con las cuestiones legales. En Suecia, Holanda y Bélgica, por ejemplo, el incesto no es un crimen (y entre ellos Suecia es el único país que permite el matrimonio entre dos hermanos que comparten un padre o una madre). En Australia e Inglaterra, por otro lado, sí lo es. Y en el Perú, según tengo entendido, el incesto no está tipificado como delito, pero sí existen varios impedimentos para el matrimonio civil según el grado de consanguinidad (ver aquí).

Sin embargo, ¿por qué existen tales leyes? En lo que sigue ni me preguntaré ni me responderé como experto -que no soy obviamente- sino solo como curioso. En el programa de la BBC el abogado invitado no consideró técnicamente necesario abolir nada porque las prohibiciones no atentaban contra ningún derecho. Su argumento, como experto en derechos humanos, fue el siguiente: "los estados pueden regular actividades sexuales privadas en el interés de la protección de la moral". Fair enough: la pedofilia, pienso yo, es también uno de esos casos y nuestra moral aprueba ese impedimento casi automáticamente. Los estados no están obligados a hacerlo, pero pueden penalizarlo si así lo consideran necesario. Lo mismo con el incesto.

Luego, el debate tomó otro giro. Porque preguntarse por el incesto es finalmente preguntarse sobre qué es el sexo entre seres humanos. Aquí hizo su aparición el humanista (1) que definió su posición como monista en contraposición con la dualista de la religión. El monista piensa que el cuerpo lo es todo y que la mente es solo una parte de él. El dualista, en cambio, divide al ser humano en cuerpo y espíritu y éste, a su vez, está conectado con Dios. Esto quiere decir que si eres religioso de tradición judeocristiana -quedémonos en Occidente- debes tomarte el tiempo de revisar lo que dijo la Zarza Ardiente -o los expertos en los dichos de la Zarza- para encontrar los límites de tu moral: ahí descubrirás que, en efecto, el incesto no está bien, como tampoco está bien ver el sexo desligado de la reproducción y que, además, tampoco está bien acostarte con alguien de tu mismo sexo y, menos aún, ver con ojos libidinosos a tu mascota. La Zarza quiere tu bien y es mejor que obedezcas. Visto así, es comodísimo ser religioso: el debate está resuelto.

El humanista, sin embargo, tiene que patalear con varias otras cosas. Por ejemplo, considera la posibilidad de que el sexo no sea un medio hacia algo, sino que puede ser un fin en sí mismo: el placer, la recreación, la vida loca. El incesto cae dentro de este campo de actividades porque racionalmente y lejos del dogma no tendríamos por qué decirle que no: venga madre o padre, venga hermana o hermano, venga prima o primo. Sí, el humanista tuvo que reconocer que el incesto no es algo que estuviera dentro de su propio menú y que el "factor asco" algo tenía que ver, pero la repugnancia personal no tiene por qué generalizarse (2). En este punto citó a Kinsey y su descripción del variopinto comportamiento sexual humano.

Fin de la reseña de la discusión radial y primera alarma para el humanista. Muy bien: me amancebo con mi hermana y nueve meses después nace un nene con cola de chancho. ¿Qué vas a hacer al respecto? La caricatura es broma solo en parte porque tiene respaldo médico: si me uno con mi hermana poseyendo un gen letal (3), según los que saben, uno de cada ocho de nuestros hijos -el amor es insistente- nacerá muerto o morirá joven. La dinámica de los genes letales y recesivos es implacable y le tocó también a la pareja australiana: su primer hijo murió de una cardiopatía a los pocos días. Desde ese punto de vista, el incesto no es la mejor de las ideas. ¿No será que el tabú del incesto, casi universal y supuestamente cultural, tiene que ver con este mínimo instinto de conservación natural? La discusión en este tema sigue siendo interminable entre los especialistas. Pero a favor del ser humano podríamos decir que ningún animal es tan creativo para evadir sus instrucciones naturales si acaso existiesen en este caso: con condones y anticonceptivos a la mano, el incesto podría salirse con la suya sin provocar ningún daño a ningún neonato.

Segunda alarma al humanista. Muy bien, pudiste librar al humano de los daños biológicos, pero ¿qué de los daños psicológicos? No por nada una gran cantidad de casos de incesto está muy ligada a la explotación y violación de niños (y de la mujer, cualquiera que sea su edad). Por supuesto, hay leyes que protegen a los menores, pero colocar otro candado condenando el incesto suena razonable, una protección adicional. Es más, aún así estemos ante un caso de incesto consensuado, ¿no sería igualmente estresante de sobrellevar para dos adultos responsables? ¿Para qué complicarse la vida? ¿En qué tipo de sociedad queremos vivir?

A partir de aquí ya hay que ser medio equilibrista, porque con tantos conceptos a tomar en cuenta, es preferible dejar todo, cerrar los ojos y hacer lo que consuetudinariamente consideramos que está mal. Y ese es el punto al que más o menos quería llegar. Porque si una pata coja posee el humanismo ateo es que no suele dar "decálogos" de comportamiento en la vida cotidiana como una religión normalmente sí lo hace. La libertad total, sin una buena linterna para orientarnos, es como una catarata aplastante. Así que de regreso a la pregunta del post: ¿con quién no me puedo -o debo- acostar? ¿La prohibición del incesto ayuda en algo a responderse esta pregunta elemental de los sexualmente activos?

Intuitivamente pienso que sí. Es probable que el paradigma del incesto, por llamarlo de alguna manera, se proyecte fuera de la familia hacia otros espacios en los que incluso pasamos más tiempo que en casa: por ejemplo, los círculos de amigos o el trabajo (4). Si mi memoria no está mal y mi capacidad para escuchar los líos ajenos no se ha agotado, la cantidad de penurias de amor de las que he sido testigo por enredos sexuales con personas "prohibidas" es considerable y seguramente seguirán apareciendo. Un repaso por cualquier consultorio de los o las doctores Corazón del mundo también lo confirma: "me enredé con la ex de un amigo", "¿está bien seducir a la mejor amiga de un amig@?", "me gusta el mejor amigo de mi hermano", "tengo un romance oculto con mi jefe y/o mi subalterno", etc, etc etc. Las combinaciones son infinitas, pero siempre con las mismas consecuencias: desconcierto, angustia, sensación de incomodidad, emociones sobre las que se montan las aprensiones normales del flechazo amoroso. La cultura popular tiene sus propios decálogos a falta de los oficiales: "las novias de los amigos son como la familia. Do not trespass." ¿Tienen los darwinistas razón cuando dicen que es más ventajoso para un individuo juntarse con otro individuo que sea distante de su línea de parentesco porque eso asegura una mejor combinación genética? ¿Eso también asegura una mayor estabilidad emocional surmegidos como estamos, a veces, en círculos cerrados que fungen de familias?

Ni idea. No soy un abogado del control de los deseos, pero sí me intriga saber por qué reaccionamos tan mal frente a emparejamientos que creemos imposibles o prohibidos (o por qué nos asustan cuando nos toca vivirlos). Celos, territorialidad, envidia, ira, heridas mortales al ego: la telenovela cotidiana de la vida privada y secreta de los que nos rodean, su cola de chancho.


* Lamentablemente el programa ya no está online.

(1) "Humanista" en este sentido: alguien que se adhiere a una forma de vida que combina la razón con la compasión. El que basa su interpretación de la existencia en la evidencia natural y su evolución, y no en la creencia de lo sobrenatural. Como el invitado era de "Humanism Ireland", aquí el link que lo explica mejor.

(2) Es más, el asco como guía moral está basado muchas veces en los prejuicios y la irracionalidad. Aun cuando las emociones -como la ira o el miedo- juegan un papel importante en la creación de las leyes, el asco cae en un saco distinto. Leer esta interesante entrevista a Martha Nussbaum.

(3) Aquí, segunda cita.

(4) Lo único relacionado que hallé fue esta columna del 2007 de Fernando Maestre en Peru21: "El incesto no solo se perfila como el atractivo sexual hacia la madre y otros parientes; también alcanza otras formas de presentación que se concretan como miradas lascivas, preferencias, amores platónicos, que en el fondo no son más que un intento de acercamiento, como de quien está en búsqueda de un encuentro, que nunca llega. Es así como existe un tipo de incesto que discurre sin que un hombre toque 'físicamente' a un elemento prohibido, limitándose a conversaciones eróticas íntimas o sexuales."

3 comentarios:

Roberto dijo...

"No soy un abogado del control de los deseos, pero sí me intriga saber por qué reaccionamos tan mal frente a emparejamientos que creemos imposibles o prohibidos (o por qué nos asustan cuando nos toca vivirlos). Celos, territorialidad, envidia, ira, heridas mortales al ego: la telenovela cotidiana de la vida privada y secreta de los que nos rodean, su cola de chancho."

¿No que no te interesaba el fuero interno? Je!

Bromas aparte, la censura del incesto, el tabú, ha sido parte del largo proceso civilizatorio, de una serie de prohibiciones sociales, económicas y culturales que configuran nuestro actual "occidente". Es la hipótesis central de Freud en su "Malestar en la cultura", que de una u otra manera se ha tomado para los análisis de Norbert Elias y Michel Foucault. No me acuerdo quién lo dijo (¿Marcuse?), pero la historia de la humanidad es la historia de sus represiones, y por lo tanto de sus neurosis.

Como hipótesis de trabajo es intersante.

Saludos,

litio dijo...

Bueno, yo tampoco tengo una opinión formada sobre el tema, pero sí siento que estás mezclando varias cosas. Básicamente, creo que se debe diferenciar claramente entre una prohibición social y una legal.

Hasta donde hemos podido teorizar, la sociedad humana implica que el incesto sea tabú. Pero la característica del tabú no es ser dictado por una divinidad, sino ser ambiguo (prohibido/sagrado/evitado/deseado) y adaptable según el caso (por ejemplo: nadie puede acostarse con su familiar... excepto el inca, o excepto abraham).

Una prohibición legal, en cambio, se aplica a todos, en todos los casos y niega inequívocamente la práctica de lo que prohibe.

La prohibición de la pedofilia no tiene (o no debería tener) tanto que ver con "la moral" como con los derechos de los menores. Por lo tanto no sería un ejemplo homologable. En el entendido de que ningún niño tiene la madurez emocional y física para tener actividad sexual con un adulto, sus derechos son vulnerados en caso de que se le requiera para ello. Sin embargo, en un caso de incesto consentido entre adultos no hay daño a terceros. ¿Qué tiene que hacer el Estado ahí entonces?

Insisto, el quid del asunto es la diferencia entre una prohibición social y una legal. ¿Con quién no te puedes acostar? En mi opinión, debería funcionar así:
1.- Socialmente: Con quienes tu moral y la de tu entorno significativo te digan que sería muy mal visto o reprobable acostarte: parientes, gente de tu mismo sexo, gente de otra "raza", compañeros de trabajo, etc., ya depende de cada persona
2.- Legalmente: Con todo aquél que, por su situación permanente o temporal, o por las circunstancias, vea afectados sus derechos a causa de esta relación. Niños o personas que no puedan tomar decisiones, o personas adultas que no hayan dado su consentimiento.

litio dijo...

Morsa, me has hecho acordar a esta cancion. Entre tanto nombre ya no sé qué opinas tú...