martes, 22 de abril de 2008

El terror sentimental


Si no existiera El sexto sentido, diría que los españoles se han vuelto expertos en una variante peculiar del terror: el de tipo sentimental. Quizás sean los que mejor aprovecharon la lección del niño que veía "personas muertas". Hay más arte en Los otros, El laberinto del fauno y la que acabo de ver sacando el pañuelo para secar los lagrimones, El orfanato, que en la de M. Knight Shyamalan. Pero todas cosechan por igual su sentimentalismo del mundo infantil y también del mundo infantil provienen esos cables que las conectan con lo sobrenatural, con el inframundo. Lo último no es nuevo: El resplandor también tenía a un niño como antena de los fantasmas. Poltergeist igual. Pero las películas españolas, creo, prefieren aterrizar las cosas un poco: prestan atención a los detalles, a la vida doméstica, a los juegos y a los dos dilemas éticos esenciales de todo niño: decir la verdad y la posibilidad de desobedecer. Mientras eso se cocina, somos invitados al menú del suspenso habitual: pasadizos, salones solitarios, sombras, ruidos sin origen. Pero es en el rush final donde nos someten a una pequeña tortura de emociones lastimeras que en realidad funcionan como liberadoras del estrés del terror: los fantasmas -o los engaños de la mente- quedan en segundo plano y podemos hundirnos con penosa calma en la piscina del recuerdo de la madre, de la soledad, del duelo de las vidas abortadas tan temprano. Me encanta ser manipulado de esa manera. La verdad, prefiero eso a quedarme navegando en las aguas tormentosas del mal.

Como remate un esquema simplón solo para que me quede claro:

El sexto sentido: explicación sobrenatural. Bruce Willis era un fantasma.
Los otros: explicación sobrenatural. Nicole Kidman y sus niño eran fantasmas.
El laberinto del fauno: explicación sobrenatural. Bueno, en realidad no sé si esto está tan bien dicho porque la película no es realista, aunque juega con el realismo: es un cuento de hadas de terror. O sea, estrictamente hablando la niña sí era una princesa. Lo que nos genera angustia es la posibilidad de que no lo sea.
El orfanato: explicación racional. Aunque finalmente la gracia es que sea ambiguo, la emotividad se cuela mejor si nos sometemos a una explicación perfectamente lógica (o psicológica).


Un buen comentario estrictamente cinematográfico en Páginas del diario de Satán.

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