domingo, 14 de febrero de 2010

Si te ofendí, discúlpame II

La parte primera de este post se puede hallar aquí en un texto escrito con tanta grandilocuencia que no me reconozco en él. Hay oraciones retorcidas y un exceso del uso de los dos puntos. Pésimo y horrible. Pero tiene una buena idea. Los límites del humor no son estáticos, sino cambiantes, y dependen del zeitgeist del momento. Lo que es gracioso un día, al siguiente puede no serlo. Y lo que no fue gracioso una vez, después quizás sí. Jimena Lindo al fin se disculpa del chiste del chullo y reconoce que, de retroceder en el tiempo, nunca lo habría dicho. Prueba de lo elástico del humor. Es de sospechar que siempre hay y hubo límites en el humor y que jamás ha existido época alguna donde todo se permita. Pero, ¿es el humor lo que transforma los límites? ¿O está siempre uno o dos pasos detrás del zeitgeist? Hoy no es de muy buena onda hacerle bromas a Magaly Solier, pero de pronto llegar a un ambiente social en el que sí se pueda demostraría algún tipo de progreso positivo. Interpreto ese progreso como olvidar que la Solier representa algo y dejar que baile con su propio pañuelo. Debo reconocer que todo este torbellino de la Teta me ha provocado una fila de bromas que he compartido por interno y que ahí se mantendrán, impublicables, a pesar de la convicción de que el humor es lo único que nos mantiene cuerdos entre tanta contradicción: oscares, alfombra roja, glamour, de qué nacionalidad es la Teta, ponerse la blanquirroja rumbo a la ceremonia y seguro tener que aplaudir de paso un adefesio llamado Avatar, el salvavidas que Hollywood no puede dejar de premiar porque le ha asegurado prosperidad y fantasía por unos buenos diez años más. Las cosquillas salen solas. Pero no será hoy.

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