miércoles, 9 de julio de 2008

Proto Bloodyhell

Una trivia: este blog no nació este año. Empezó el 4 de marzo del 2007, o sea, hace más de un año. Pero en ese entonces era un blog privado, de circuito cerrado y al que solo tenían acceso algunos pocos invitados. Es difícil tener un blog privado en blogger porque no todos tienen una cuenta de gmail. Y también es difícil mantenerlo porque, al parecer, un blog privado no es tan atractivo como uno público: nadie se animó a comentar nada. Por otro lado, el nombre de ese blog primigenio -que no recordaré aquí- tampoco era muy llamativo que digamos. Para cuando el nombre "Bloody Hell" se me quedó rondando como una polilla en un foco asumí que la señal había llegado para salir a la luz pública, con todo y diseño del logo en el que se puede ver un fósforo diminuto echando luz sobre un fondo sanguinolento (logo abierto a interpretaciones, claro). Pero el ánimo y estilo de ambos blogs fue siempre el mismo.

Así que aquí coloco ese primer post inaugural. Quizás sea de utilidad a algunos de los retrucadores que siempre animan mis tardes por interno. Saludos.

DOMINGO 4 DE MARZO DE 2007
Ebert y el caso Blue Velvet

En un comment en Puente Aéreo, Daniel Salas menciona lo que escribió alguna vez César Hildebrandt sobre Blue Velvet ("Terciopelo Azul"): "Mi problema con Hildebrandt viene de mucho antes, cuando en 1986 escribió un mojigato artículo contra "Blue Velvet" de David Lynch, película a la que acusaba de promover la cochinada y la perversión. El artículo escrito para el olvido se llamaba "Franelita azul" y salió en "La República". Ojalá algún archivero lo pueda encontrar. Es lamentable", dice. Más allá de que a mí también me gustaría leer el artículo, su mención me hizo recordar al instante la famosa reseña negativa que escribió Roger Ebert sobre Blue Velvet también en 1986. Existe una versión corta que salió en su programa de TV junto con Gene Siskel, tan notoria que está incluida en los extras del impecable DVD de la película en su edición especial. La reseña de Ebert en la versión escrita es virulenta y no sé si motejarla de moralista cuando dice "American movies have been using satire for years to take the edge off sex and violence. Occasionally, perhaps sex and violence should be treated with the seriousness they deserve." Y su molestia por el mal uso que se le da a Isabella Rossellini roza la indignación. Finalmente, el remate sobre la dirección de Lynch es letal: "In a way, his behavior is more sadistic than the Hopper character. What's worse? Slapping somebody around, or standing back and finding the whole thing funny?"

Con todo, en algunas líneas Ebert reconoce lo poderosas que son ciertas escenas, y me parece que ambas emociones -de sumo agrado y sumo desagrado- desembocaron en una frustración gigante, acicateada además por las críticas muy favorables que tuvo la película (aquí un resumen del "a favor y en contra" de la crítica estadounidense en su momento). Lo que hasta ahora no percibo es lo "funny" de Blue Velvet. Tengo la impresión de que lo gracioso para Ebert es un asunto muy serio para Lynch, cuyo universo puede parecer, si se lo ve con ojos excesivamente severos, muy ridículo.

Y eso creo que se ve con claridad en los momentos musicales de algunas sus películas, que siempre parecen suceder a una velocidad más lenta de lo normal y que son en sí mismas parodias de americana. Aquí la lascivia inocente de la Rossellini interpretando justamente "Terciopelo Azul":



Mi momento musical favorito de Lynch: Nicolas Cage cantando "Love Me" en una imitación/parodia/reencarnación de Elvis de la película Wild At Heart:



Y, finalmente, "Llorando" de la indescriptible Mulholland Drive:




¿Conclusión? Si lo ridículo puede ser emocionante entonces Lynch es un gusto adquirido.

3 comentarios:

Daniel Salas dijo...

Hola, Luis:

Cada vez que alguien habla de Lynch, me obligan a meter mi cuchara. Es inevitable. Soy un fan. Y comprendí mejor la atmósfera de Lynch cuando empecé a vivir en Boulder, Colorado. Quien crea que el comienzo edulcorado de Blue Velvet con esas flores coloridas y esas personas amables que saludan desde un carro de bomberos es una exageración, se equivoca. Los suburbios en Estados Unidos tienden a ser así. Son lugares en donde todo es perfecto, todo es colorido y todo el mundo es amable. Y justamente ese es el problema. Son ambientes pacíficos y pastoriles, en donde todo el mundo tiene un trabajo, un carro, una familia y un jardín. Pero Lynch los ve de otra manera: los ve con ojos de sospecha permanente, de angustia, de incredulidad. No es porque Lynch guste de la infelicidad o sea un enemigo del sueño americano. Tampoco quiere vivir en un mundo violento en donde los malos se salgan con la suya, ni en donde los padres se revelen contra sus hijos. No es un sádico ni le gusta "la cochinada". Tal vez su sensibilidad se parezca más a la de Onetti, a esos universos fantasmales y teatrales en donde hay funciones, no esencias (y por eso una misma actriz puede ser dos personajes y dos personajes pueden ser dos fragmentos de un mundo dividido e imposible de recomponer).

La escena del desnudo de Isabella Rosellini no es erótica, no es exhibicionista. Es una escena triste, angustiante y el gesto con los brazos abiertos es de absoluta indefensión (es tambien una representación de la famosa niña vietnamita que escapa del Napalm). Lynch remonta esa bella imagen (a mí me parece, en efecto, hermosa y oscura) a una escena de la infancia en la que él y su hermano se encontraron con una mujer desnuda en la calle. Los dos chicos sensibles se dieron cuenta de que no era nada con lo cual excitarse, que una mujer desnuda era la huella de una desgracia, de una miseria, de algo horrible, y empezaron a llorar. La desnudez, en efecto, no solamente es erótica, puede ser cifra de la pobreza, de la indigencia, de la violencia, de la desprotección.

Es espléndida la escena de "Inland Empire" en la que una mujer mira un "sit com" que es supuestamente gracioso. Todos ríen, menos esa mujer. Todos celebran, pero ella llora. Muchos no me terminan de comprender, pero esa tristeza se parece mucho al sentimiento que yo experimento frente a la música y los espectáculos banales: me afectan y me deprimen enormemente porque siento que hay una degradación, un envilecimiento innecesario que no es sino parodia rebajada del goce artístico.

Lynch es un inconforme pero, al igual que yo, desea un final feliz. Pero este final feliz se logra mediante el autoconocimiento. Blue Velvet es una historia de autoconocimiento, del conocimiento erótico y del aprendizaje de la masculinidad porque finalmente Jeffrey aprende lo que pasa de ser un muchacho a ser un hombre, mediante la doble identificación con su padre convalesciente y su suegro, el representante de la ley. Algo similar trata Borges en "La noche de los dones". Los genios siempre coinciden.

Daniel Salas dijo...

caray, quise decir "rebelen", no "revelen", me perdonarán el error producto del entusiasmo.

EL ADVERSARIO dijo...

Según me acuerdo tanto "Salvaje de Corazón" y "Terciopelo Azul" tuvieron en su momento criticas divididas donde se le adoraba o criticaban (algo que no se da con las peliculas de Lynch ultimamente). Incluso en un Festival de Cannes se critico por parte de un sector que Lynch participe.