lunes, 17 de noviembre de 2008

Para decir adiós solo tienes que decirlo

En un tema bastante menor recuerdo que en este blog se contó la historia de una blogger de Peru21 que desapareció del mapa luego de escribir un post algo agresivo -aunque justo- contra sus comentadores. "No me quiero casar" -¿anuncio de la crisis por venir?- de Alejandra Costa se fue sin decir adiós, lo que a mí me dejó pensando: ¿se fue porque no soportó la presión o porque le dijeron basta? El silencio dio pie a cualquier especulación, hasta ahora irresuelta.

En otro caso más serio, el humorista Alfredo Marcos también se vio forzado a decir chau de La República por un no muy claro -para mí- tema de conflicto de intereses. Una rápida viñeta -imagino que arcana para los que ni se enteraron del lío- terminó con sus años de colaborador, en tanto que la posición oficial del diario fue la nada. Rebusqué en su archivo virtual y no hallé ni una sola nota que fungiera siquiera de agradecimiento por los servicios prestados. Nuevamente, el silencio. Hoy Alfredo está en Caretas.

El último caso del año es el de Augusto Álvarez Rodrich en Peru21. Esta vez la salida ha sido una amputación. Pero no ha habido nada que aligere el trauma: solo una nota más fría que un iceberg notificando el adiós, hoy ampliada por las declaraciones del ex director temprano en la mañana. 

Los tres casos me dejan la agria sensación de que el lector es lo que menos importa. Que los medios, aunque exigen nuestra atención, nuestro interés y nuestro dinero, cuando deben explicarse un poco sobre sus pequeños o grandes escándalos prefieren voltear la cara y silbar por un costado con la trompa fruncida. Para mí estos casos son similares a esos romances que también se quedan en el aire, sin réplica, sin respuesta, sin consideración: solo un silencio más espeso que el barro metiéndose por tus narices y dejándote con esa pregunta que a veces no te deja dormir: ¿qué diablos pasó?

El título del post es una cita abierta a una de mis debilidades inconfesables: el cancionero de éxitos de la balada latina. Vaya como homenaje a esa cualidad -¿peruana?- más actual que nunca: hacerse el loco. La versión original es de Danny Rivera a dúo con Eydie Gorme (1977). Pero aquí se conoció por la de José Feliciano con Anne Kelly, número 8 del ránking La Más Más de 1982. Escúchenlas mientras hojean sus Peru21 de antaño.




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