domingo, 29 de junio de 2008

De cómo Harry Hoo se transformó en el inspector Harry Tsuda


En uno de los episodios de Get Smart -la serie original, no la película estrenada este año- hace su aparición un simpático inspector hawaiano llamado Harry Hoo. Ingresa sin presentarse en la escena de un crimen dando una hipótesis sobre el asesinato que acaba de cometerse. Maxwell Smart, extrañado, le pregunta a uno de los policías quién es ese nuevo personaje y el siguiente diálogo toma lugar:

Smart: Who's that?
Policía: That's Hoo.
Smart: Who's who?
Policía: He's Hoo.
Smart: [comprendiendo] Oh, he's who... [confundido] What are you talking about?

El policía entonces le explica a Smart que se trata del inspector Harry Hoo y 86 recién entiende que confundió el apellido del hawaiano por la palabra "who" o "quién". La transcripción de arriba hace evidente la broma, pero si atendemos solo a la pronunciación es muy probable que nos riamos.

Pero, claro, seguramente varios de los que leen este blog jamás entendieron este chiste en particular de la serie porque siempre vieron la versión en castellano. Y en castellano hay otra broma. Imagino que los traductores del Super Agente 86 comprendieron que era imposible recrear esta confusión entre "Hoo" y "who", así que optaron por cambiarle el nombre al inspector. En castellano, Harry se apellida Tsuda:

Smart: ¿Quién es ése?
Policía: Es Tsuda
Smart: ¿Tiene calor?
Policía: Harry Tsuda.
Smart: ¿Y por qué suda?.. Oiga, amigo, no esté bromeando.

En este caso la transcripción también hace evidente el chiste, pero la traducción de Hoo a Tsuda es una buena salida: lo importante era colocar una broma que confundiera a Smart por una homofonía. El diálogo sale bastante absurdo y nos reímos.

Siguiendo a Eco y su libro sobre la traducción -que sigo leyendo- en este caso se intentó familiarizar un texto en inglés a un público hispanohablante y se logró sin distorsionar el sentido original de la broma. Si hubieran optado por la literalidad hubiese salido todo muy mal. En otras palabras, cambiando el texto se fue más fiel.

La idea es que no se traduce necesariamente entre dos lenguas, sino entre dos culturas (si mal no recuerdo en la serie en castellano Smart tenía una "tía en Acapulco" y un compañero robot llamado "Jaime"; no sé de qué lugar era originalmente la tía, pero el robot se llamaba en inglés "Hymie"). Eco coloca infinidad de ejemplos del ingenio, la astucia filológica y los malabares lingüísticos al que los traductores -sobre todo de sus libros, que no son nada sencillos- tienen que echar mano para a) ser fieles a las intenciones de autor b) acercar el texto a un público en particular. La deontología se da en ambas orillas. Lo importante es no generar extrañamiento donde no lo hay (o generarlo donde sí lo hay). Modernizar un texto muy antiguo, por ejemplo, puede ser la mejor solución en una traducción.

Lo del "extrañamiento" - que Eco elabora de varias maneras a través de un texto de Humboldt- es una idea que me llama la atención, incluso aplicada fuera de la traducción. Con respecto a las películas sé que un niño limeño de cinco años agradecerá ver una película doblada antes que subtitulada. Porque a no ser que sea bilingüe la versión original lo dejará totalmente "extrañado" y será incapaz de entrar al juego de la ficción. Pero también me ha sorprendido hallar adolescentes que prefieren ver la versión doblada de una película -digamos, alguna de Spider Man- porque aseguran que así se divertirán mucho más: más "cerca" la sienten doblada que subtitulada. Si otros cinéfilos prefieren mil veces la versión original con subtítulos es porque sus intenciones son otras: quizás tengan competencia en el idioma extranjero y en su cultura y no sentirán extrañamiento alguno. Pero también es posible que algunos cinéfilos busquen precisamente la distancia y el goce estético de ingresar a un universo que no es el propio.

Si toda lectura es una "traducción" en sentido amplio nuestros niveles de extrañamiento con cualquier ficción dependerán mucho de los mundos culturales que tengamos en la cabeza. Y en algunos casos es muy posible que distintos grupos de receptores "traduzcan" diferente y entiendan cosas absolutamente opuestas de una ficción, por más que compartan el mismo idioma. Las traducciones en sentido estricto simplemente hacen más evidente este problema.

Leyendo a Eco pensé automáticamente en Madeinusa y la polémica que se creó entre aquellos que vieron una excelente película, la mejor de los últimos años, compleja y profunda versus otros que la tacharon de superficial, hueca y racista. Me ubico entre los del primer grupo, básicamente por que no quise ver una lectura del "ande" peruano por más que en la película apareciera un supuesto pueblo del ande peruano. ¿Era el universo de Madeinusa autónomo o hacía referencia a un mundo en particular? A partir de ahí los elogios y las quejas empezaron. Si intento explicar mi recepción de la película de Claudia Llosa a la luz de los ejemplos anteriores de traducción podría decir que me sentí lo suficientemente extrañado del "ande" para no ver antropología. Pero quizás otros experimentaron algo distinto. Otros lo sintieron incómodamente cercano y, sin duda, mal "traducido".

Más fácil de captar este "extrañamiento" es con un par de películas recientes de secreto culto entre los adictos al gore llamadadas Hostel y Hostel 2 dirigidas por Eli Roth. Ambas me parecen, a un nivel, similares a lo que superficialmente se cuenta en Madeinusa

Unos mochileros americanos se desvían de su ruta turística para ir a un supuesto oasis de preciosas mujeres en un exótico lugar de Europa del Este. Pero lo que encuentran es un mundo en el que las leyes convencionales han desaparecido y donde ellos, por ser extranjeros y americanos, solo valen por su carne que es vendida para un exclusivo club de torturadores sangrientos. Es clarísimo que la mirada al extranjero es al principio fascinada, para luego volverse sospechosa y, al final, completamente aterrada. 

En Madeinusa ese juego con las expectativas del protagonista -y con sus propias corrientes xenófobas- se hacen de manera mucho más sutil, pero con un desenlance parecido: las cosas no eran cómo las pensaba. Eli Roth fue bastante vapuleado por la cantidad de prejuicios que supuestamente exhibía. Pero probablemente para muchos -me incluyo- "americanos" y "eslovacos" eran categorías que no pretendían ninguna antropología y que solamente existían como convenciones para plantear el choque de lo familiar versus lo extranjero. En este caso el "extrañamiento" le sirve mucho a la cinefilia: en tanto que Madeinusa insinuaba la abolición de las reglas sociales por la creencia de la muerte de Dios por unos días, en Hostel es el dinero lo que está por encima del bien y del mal. ¿Andes? ¿Venganzas por el 9-11? Bueno, la verdad es que fui ciego a esas probables referencias. 

Aunque nada me niega que en otra película me vuelva Smart (o smart) y entienda "who" en vez de "Hoo" o pregunte quién es el que está sudando. Nadie está exento de traducir mal (o bien).

1 comentario:

ocraM dijo...

no tiene nada que ver, pero se me ocurrió: habría que establecer el universo de los que se quejaron por los Andes de Madeinusa e intersectarlo con el de los que se quejaron por el Perú de Indiana Jones.