jueves, 22 de enero de 2009

El cuarteto que no tocó lo que escuchamos

Mientras el Perú se desgrana en tristes fuegos cruzados sobre desalojos mal hechos y reclamos furibundos de DDHH hechos frente a cámara; y mientras de nuevo se constata que la blogósfera es un canto gregoriano donde todos cantan la misma nota molto agitato, este blogger huye y se refugia en las formas puras.

Los que vieron la juramentación de Obama seguramente recordarán al conjunto de primer orden que interpretó una pieza compuesta por John Williams, aquel as del populismo de la música orquestada que ha hecho creer a generaciones de nerds que las tubas de Star Wars son clásicas (no confundir con el gran guitarrista). Esnobismos de lado -¿a quién no le gusta el sentimentalismo demagógico de Williams?- justo acabo de leer que el cuarteto capitaneado por Yo-Yo Ma e Itzhak Perlman no tocó lo que escuchamos. Hicieron finger-synch, o algo así, al compás de una grabación que se hizo un par de días antes. La verdad es que era imposible hacerlo en vivo: el frío era tan intenso que las posibilidades de error -y de cuerdas rotas- crecieron exponencialmente. La ocasión merecía una performance inmaculada, perfecta, a la altura del inicio de una nueva era, aunque muchos aprovecharon seguro para ir al baño o, al menos en mi percepción, se sintiera que los aplausos del cívico respetable fueron bastante tibios al final.

Ciertos críticos han hecho trizas la pieza. Gracias a Alex Ross del New Yorker me entero de algunos detalles que ponen en contexto Air and Simple Gifts: el homenaje al americanísimo Aaron Copland; la atención de Obama durante la presentación, quizás el primer presidente después de Jimmy Carter realmente interesado en la música clásica; la intención de que el cuarteto fuese totalmente inclusivo, universalista: músicos de la crema y nata del academicismo de procedencias distintas y generaciones distintas tocando la pieza de un compositor popular. Todo pensado como un reloj. Esta reseña del Washington Post es muy instructiva, aunque bastante dura, al respecto. Conecta, además, lo sucedido con la lección dejada por Abraham Lincoln.




A Fernando Vivas le pareció también todo medio tibio:

Acabo de ver un extracto del célebre concierto de la soprano negra Marian Anderson en 1939, también en un frío día de enero, con la multitud congregada ante el Lincoln Memorial, y lo encuentro más emocionante. Los racistas le habían cerrado a la diva las puertas de un teatro, y Eleanor Roosevelt influyó para que cantara en el corazón cívico de Washington. Lo encuentran en Youtube, con el nombre de la cantante.

Pero si de emociones se trata me quedo con lo de Bono y U2 el domingo. 


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