martes, 5 de agosto de 2008

El placer estético y la patria

Eso de ser la segunda bandera más bonita del mundo no lo creo mucho. Tres franjas, dos rojas y una blanca no me parece nada especial. Pero también es cierto que soy particularmente ciego para la artisticidad visual. Sobre el Himno Nacional el ánimo es distinto: desde niño me gusta escuchar y cantar el himno, placer que me dio gusto ver confirmado con el comentario de un profesor inglés que, en el colegio, se molestó porque el manchón adolescente durante las asambleas apenas si entonaba con ganas las notas sobre la cortina del viejo 45 que sonaba a través de un par de megáfonos. Al ver tan poco entusiasmo dijo algo así como: "me parece el colmo que no canten con ganas; y eso que tienen uno de los himnos más bellos que he escuchado". No se refería a la letra (la letra es hija de su época y no la hija más linda), sino a la música. El profesor, además de experto en química, su materia, también era (o es) un músico bastante solvente y eso le dio, a mis doce o trece, cierta credibilidad. Para mis adentros quedó entonces confirmado: el himno peruano es un hit.

Pero por más ánimo patriótico que nos embargue la verdad es que el himno no es fácil de cantar. Una mirada al vuelo de la melodía sobre una partitura revelará que para entonarla bien necesitaremos de un gran oído o, de lo contrario, saber algo de música. Para el coro no tanto. Pero para la estrofa sí. No se abundará en detalles técnicos -que hablen los expertos- pero para un aficionado algunas escalas de la estrofa -que es estupenda- pueden ser una tortura si no se piensa bien qué notas se están cantando. Esto se descubre a costa del placer estético cuando el himno suena a un amasijo incomprensible si es entonado por una masa patriótica y espontánea desde el "largo tiempo" del peruano oprimido. Lo recuerdo bien en las asambleas del colegio: los desorejados eran mayoría, pero era una consecuencia natural de la dificultad.

Ya se sabe de las clases de cívica. El himno fue compuesto por José Bernardo Alzedo, quien tuvo una vida muy interesante como maestro de capilla (Kapellmeister) de la Catedral de Santiago, cargo al que fue nombrado en 1847. En total, el talentoso compositor peruano vivió cuatro décadas en Chile, país al que migró apenas ganó el concurso del himno en 1821 y al no poder ser sacerdote en el Perú por su raza. Al igual que Pancho Fierro, el Kapellmeister Alzedo era mulato. 

Sin embargo, a pesar de su conspicuo lugar en la historia de la música peruana y quizás la más importante del siglo XIX, la obra de Alzedo todavía permanece en la oscuridad. Al menos así consta en el prólogo a la segunda edición (2007) del excelente compendio de ensayos La música en el Perú escrito por el Dr. Raúl Romero de la PUCP. Son cuarenta manuscritos en la Biblioteca Nacional de Lima y veinticuatro obras en Santiago, a los que la academia no le ha prestado mucha atención. "Casi ninguna", dice Romero. Mis datos sobre Alzedo (1) provienen del ensayo escrito por Enrique Iturriaga y Juan Carlos Estenssoro en 1985. Las cosas en más de veinte años al parecer no han cambiado un ápice. 

Pero el Himno por sí solo aún tiene mucho pan por rebanar en su propia historia. En junio de este año Caretas publicó un artículo -algo confuso para mi gusto- alertando al público de que la versión que hemos estado escuchando por años no es la original, sino una pirata. La República también hizo eco de la historia pero siendo algo más claro con el sensacionalismo: siguen siendo las mismas notas y la misma armonía, pero con una instrumentación distinta. El propio Miguel Harth-Bedoya -el director de orquesta que descubrió las diferencias de instrumentación y sus versiones- lo explica en un vídeo de El Comercio. Me da la impresión -solo la impresión- de que es una discusión de sutilezas imperceptibles para el gran público, aunque para la musicología sea sin duda muy interesante. 

Porque más allá de originalidades y piraterías, lo real es que el Himno -como la bandera de mi adorada Leysi- ha sufrido transformaciones a lo largo del tiempo a pesar de su intangibilidad por ley, pero de esas que el Ministro de Defensa consideraría más bien un homenaje patriótico, lo que estaría muy bien porque si de algo está compuesta la patria es de sus ciudadanos.

La versión tradicional e instrumental aquí:




Aquí con el aturdidor bel canto de Juan Diego Flórez, que no me conmueve mucho, con perdón de los fans:




Javier Echecopar y su excelente versión en guitarra clásica, para un patriotismo de cámara. Solo audio, aquí.

Luego, recuerdo haber escuchado una versión del Himno completamente jazzeada e instrumental para guitarra, aunque no sé a cargo de quién o quiénes (creo que de Lucho Gonzáles). No la encuentro. Solía aparecer a medianoche en canal 4. A ver si alguien me ayuda.

Aquí una versión bien norteamericanizada a cargo del grupo de Jaime Cuadra. En el saxo el gran Carlos Espinoza y en la voz a lo Beyoncé Mariana Coello. (2)



Y por último, el poeta Cachuca con Los Mojarras:



Caray, cuántas denuncias se le vienen al Ministro. ¿Quién lo ayuda?


(1) He visto el apellido de Alzedo escrito con "z" y con "c". Uso la ortografía que usa el libro.

(2) Curiosamente en uno de los comments en YouTube sobre esta versión se puede leer: "..no me convence, el himno nacional se canta de un solo modo y como simbolo patrio se debe respetar."

2 comentarios:

Jose Alejandro Godoy dijo...

En efecto, la versión de Canal 4 es de Lucho Gonzáles. Hay otra versión jazzeada de Jean Pierre Magnet, en un disco que sacó Caretas, en el que se incluyen las versiones de J.D. Flores, Jaime Cuadra y Javier Echecopar que has colocado en el post.

Luis Aguirre dijo...

Cierto, me habia olvidado por completo del CD de Caretas. Gracias por el memorex.