jueves, 23 de octubre de 2008

Amor filial

Uno de los asuntos que últimamente me pongo en duda es esa cosa llamada amor ("cosita loca", decía Mercury en su imitación glam de Elvis). Amor, así, en bruto: amor a la pareja, amor a la mascota, amor al ecosistema, amor a la patria y, claro, amor a los padres. Me lo pongo en duda porque el amor, casi siempre, hace pensar al revés a quien lo experimenta y, de paso, enchueca a quien es testigo de su influjo. La palabra amateur, por ejemplo, tiene su raíz en amor (del francés). Para un riguroso buscador de la verdad el amateur no es más que un aficionado. Pero para el amateur mismo, el amateur es, en realidad, el que siente amor en hacer algo, aunque lo haga mal. O sea que si lo haces con sentimiento, con feeling, con inspirada reverberación ventricular, no puedes fallar, hermano.

Una y otra vez personas me cuentan sus desdichas familiares y el amor, antes que un aceitador en los vínculos -guiño político intencional- , es un obstáculo. Como lo confirma la experiencia, los miembros de una sola familia, la cercana y la extendida, casi nunca suelen pensar igual. Pero una y otra vez suelo escuchar que el amor filial es una buena razón para forzarse a hacerlo o para pasar por alto la increíble cantidad de absurdos de la que la familia es capaz. "Lo hago por mi papá", se dice. "Por mi mamá mato", también (variante esta última de la frase pundonorosa y homicida que originalmente sale de las madres cuando dicen "por mi hijo mato"). Versiones más cinematográficas y sombrías suelen declarar con voz sepulcral: "la familia es la familia".

Pero la vida privada es la vida privada y cada quien sabe lo que hace. En esos casos lo mejor es escuchar sin atreverse a opinar, no solo porque los sentimientos involucrados suelen ser delicados, sino también porque es inútil. ¿Cómo podría un simple consejo luchar contra años de amor practicado, sentido, incontrovertiblemente aceptado como bueno y correcto?

Lo fregado es cuando uno es expuesto a estas muestras de sentimentalismo en público y sobre personajes públicos. El amor filial detiene el tráfico. Nos demanda silencio, comprensión, aceptación. Incluso hasta admiración y aplausos. Quien defiende a su padre o a su madre en público sobre asuntos públicos y por ser ellos mismos personajes públicos, nos remueve las entrañas, nos pone música de violín de fondo cual compuesta por Max Bruch. *

Es así que la congresista cuyo padre está envuelto en un escándalo de corrupción nos hace inclinar la cabeza en la desdicha y decir: "sí, pues". Consideramos increíble y hasta contranatura que la congresista declare que va a colaborar con la investigación a su padre. Solo horas después nos damos cuenta de que es lo correcto. Sin embargo, a los días la naturaleza vuelve a su rumbo. Es la fuerza del amor: "(Luciana León) no ha abierto sus cuentas, ni ha permitido que le levanten la inmunidad parlamentaria. Ni siquiera ha ido a declarar a la comisión del Congreso que investiga el caso. Eso me parece que es una muy mala señal de su parte", afirma Fernando Rospigliosi

Y ahora leo que la revista Etiqueta Negra rememora oportunamente la carta que escribió el hijo de Magaly Medina por el día de la madre el año pasado. Es una muestra literaria de alto estoicismo, de aguante, de espíritu fortalecido: "Es una ironía tener que cultivar la paciencia, esa cualidad que tus críticos dicen que tú no tienes. Si estuvieras en mis zapatos (en mi aula de universidad), seguro te enfrentarías al censor de turno, a los periodistas sin periódico, a los comunicadores de salón que llenan su ociosidad hablando de ti." (...) "Termina siendo divertido ser el descendiente de la bruja mala que un día tumbó a un tal Ferrando, quizá el que fuera el conductor más popular y querido de la televisión peruana. Tú lo tumbaste, mamá, o dijiste cosas sobre él que nadie había dicho, y después te convertirse en la amenaza de futbolistas licenciosos y platinadas monarcas de la pantalla del mediodía."

Pero quizás sería interesante, en aras de la equidad y por mostrar los dos lados de un mismo fenómeno, que los hijos de todos esos perseguidos con cámaras y puestos en ridículo, los familiares y parientes sobre quienes se atizó el escarnio público, sobre los que se mintió o se lanzó sospechas moralistonas infundadas a cambio de ráting y un sueldo de 80 mil dólares al mes, los seres queridos de aquellos acaso incapaces de solventarse un juicio, todos ellos, tuviesen la oportunidad de publicar sus cartas también. Digo, por amor a la verdad. 


* Dicho esto sin ánimo de ofender al compositor alemán, cuyo célebre Concierto para Violín No. 1 es una de mis piezas favoritas, quizás justamente por su exacerbado romanticismo. Aquí el segundo movimiento y el tercero. Arróbense.

1 comentario:

Andrea Naranjo dijo...

Bueno,respecto al amor por ahí puedes escuchar y ver a Tonino Carotone ( me cago en el amor
- http://www.youtube.com/watch?v=mEMTewcDKbI-).
Y hablando de amor filial dejo la carta del hijo de Carl Sagan a su padre, Memorias de mi padre, escrita en el 2006
http://nicksagan.blogs.com/nick_sagan_online/2006/12/dad.html
y un comentario en castellano sobre la misma:

"Cuando curioseo por la blogosfera, encuentro muchos recuerdos maravillosos sobre mi padre. He pasado todo el día leyendo lo que él significaba para la gente, la manera en que les inspiró para aprender sobre ciencia y sobre el pensamiento crítico o cómo les indujo a un viaje de descubrimiento del Universo. Es enormemente emotivo, y siempre estaré agradecido por ello. Para esta entrada de mi blog no hablaré sobre sus muchos éxitos científicos o sobre todo lo bueno que hizo por este mundo –hay otras personas que hablan de ello más elocuentemente de lo que yo jamás podría hacer-. En vez de eso, voy a compartir recuerdos de mi padre con vosotros. Él significó muchas cosas para mucha gente, pero también fue mi padre y quiero que conozcáis al hombre que yo conocí."
En fin... amor filial
saludos¡