miércoles, 29 de octubre de 2008

Estilística del e-mail



Escuchando ayer a Luciana León y a los defensores de Luciana León me han llamado la atención cosas que, personalmente, no me cuadran. Se habla sobre la inverosimilitud de los mensajes. Pero recordemos que uno de ellos proviene de la misma persona que pudo grabarse en vídeo desde la clandestinidad con un mensaje bastante ridículo y altisonante. Otro pequeño gran detalle que seguramente los peritos de la estilística tomarán en cuenta es que se trata de e-mails. Y en los emails uno suele -como leí en una nota del New Yorker que hablaba precisamente del estilo en los emails- olvidarse de sí mismo. Me pongo como ejemplo: a veces escribo todo en bajas y sin puntuación; a veces respetando todas las reglas, con mayúsculas, minúsculas y comas según corresponda; a veces firmo L, a veces LA, a veces, Lucho, a veces Luis, a veces con nicks, a veces con nicks realmente estúpidos, a veces no firmo. La irregularidad es la ley. Cuando la León dice "no es mi estilo" no comprendo bien el argumento. O se envió o no se envió, o se manipuló, y esta manipulación es corroborable contrastándola con el original. La estilística en la comunicación virtual es tan variada que si uno revisa sus propios correos verá que la chanfainita es el menú diario.

Aún así, en la nota del New Yorker sobre el libro "Send: The Essential Guide to Email for Office and Home" se menciona que todos tienen un estilo:

The lower-case non-punctuators, the serial capitalizers, the rhetorical questioners, the subpoena-anticipators, the posterity-watchers: they all have their reasons, and their conceits.

Es cierto: hay personalidades que son completamente rígidas. Pero incluso a ellas la rapidez del email puede doblarlas . Escoger mal las palabras, según la reseña del New York Times sobre el mismo libro, puede causar grandes problemas: personales, legales y financieros. El New Yorker menciona un ejemplo político:

they [los autores del libro, Schwalbe y Shipley] were astounded by the lack of tact exhibited by Bush Administration officials in their e-mail discussions over the firing of eight “underperforming” federal prosecutors. What could they have been thinking?

“They were thinking about a lot of things, clearly, but they weren’t thinking about e-mail,” Shipley wrote. “Their brains stopped telling them that they were putting their words and ideas down in indelible digital ink. I can’t think of anything more dangerous.”

En efecto, no hay nada más peligroso que enviar información en la tinta indeleble del correo electrónico. La falta de tacto y la relajación del estilo suceden en cualquier momento. Y si el estilo es la medida del hombre es fácil decir frente a un mensaje enviado rápidamente: "no es mi estilo, no soy yo".

Pensar antes de enviar: la regla básica del e-mailing. Pero es difícil ajustarse a ella. Los errores en tono y contenido siempre existirán. Suelo pensar más cuando me comunico con alguien a quien no conozco o no conozco bien. No pienso nada cuando envío algo a algún amigo o familiar.

Mientras tanto, el rollo con la congresista del Apra sigue: Luciana León no entregará hoy el original de polémico e-mail e insiste en que este fue adulterado, según titular de El Comercio. Muy extraño, como extrañas fueron sus contradicciones del domingo en Panorama y Cuarto Poder.

1 comentario:

Daniel Salas dijo...

Un email no es una carta, lamentablemente. Por culpa del email estamo rebajando el estilo y, finalmente, ocurre que escribimos como hablamos o, más bien, como se nos pasan las ideas por la cabeza.

Habría que hacer una campaña (lo digo en serio) para recuperar la seriedad y la belleza del género epistolar. Proponernos escribir emails que sean como cartas, bien pensadas y con el mayor cuidado.