lunes, 16 de marzo de 2009

Perú, tierra de lectores


El libro de Pierre Bayard Cómo hablar de los libros que no se han leído no es un manual para salir indemne en cualquier conversación o discusión sobre libros tratando de hacer pasar ignorancia por conocimiento. En realidad, es un interesantísimo ensayo sobre la lectura: cómo leemos, qué leemos cuando leemos y qué significa hablar de lo leído o no leído. Bayard hace evidente lo que para nosotros a veces es ridículamente obvio, pero que evitamos subrayar porque sencillamente nos da algo de vergüenza. Por ejemplo, la ínfima cantidad de libros que leeremos en una vida. Con este punto arranca -yo me animé a dar el número exacto de libros que podemos leer en una vida- y sentencia: la lectura es, sobre todo, la no-lectura. Es evidente: lo que no leeremos siempre será colosalmente superior a lo leído. Esta es una primera aproximación a la "no-lectura" (lo que se selecciona vs. lo que se deja de lado), que Bayard va enriqueciendo en el transcurso de las páginas.

En el Perú actualmente hay un par de debates políticos sobre la lectura y la no-lectura que no tiene que ver directamente con Bayard ni con programas escolares o de alfabetización. Son dos debates distintos, aunque relacionados porque llevan implícito el acto de leer: el debate sobre el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación y el del Tratado de Libre Comercio con Chile. Quizás Bayard nos pueda dar una mano con ambos.

Desde su aparición, el informe de la CVR ha sufrido muchas y variadas críticas. Pero la respuesta del bando que lo respalda casi siempre ha sido la misma: las críticas provienen de gente que no lo ha leído. Porque de haberlo leído no podrían afirmar que, por ejemplo, el Informe defiende el terrorismo; que no reconoce el papel de las FFAA en la derrota de Sendero Luminoso y el MRTA; o que la izquierda, para la CVR, no tuvo un papel sumamente ambiguo en su relación con los grupos radicales armados. (1)

Durante este gobierno la polarización entre lectores y no-lectores ha sido bastante clara. Los lectores mayormente están en la oposición y los no-lectores en el gobierno o sus aliados.

Pero, curiosamente, el segundo caso -el del TLC con Chile- invierte los papeles y transforma a los no-lectores gobiernistas en lectores y a los opositores en no-lectores. En una entrevista de ayer a José Antonio García Belaúnde, el canciller peruano sale al frente de uno de los críticos del TLC de la siguiente manera:

Usted dice que hay mucha gente que habla sin haber leído el TLC, pero los principales críticos –aparte de los nacionalistas– son el ex premier Carlos Ferrero y el ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, que estaban en el gobierno cuando se negoció el TLC con Chile.

Carlos Ferrero no lo conoce (el TLC), me consta que no lo conoce. Mire, en la demanda, y en lo que se rasgan las vestiduras, es en la definición de territorio, olvidándose que estos son acuerdos específicos, entonces, la definición de territorio es en función del acuerdo, no en función del territorio del Perú.

Por supuesto, los acusados de no-lectores en uno y otro caso desestiman el argumento y afirman sí haber leído muy bien los textos en cuestión. Si todos dicen la verdad -imaginémoslo así- entonces esto quiere decir que todas las partes debatientes son lectoras y que el diálogo de sordos no se debe al desconocimiento de los textos sino a otra cosa. Que entre Bayard a mi panel. (2)

Para Bayard el meollo del desencuentro estaría en lo que él considera la verdadera fuerza que guía nuestras lecturas: la memoria. En efecto, aún cuando hayamos leído un libro, solamente podremos hablar de aquello que ha quedado en nuestra cabeza. Para Bayard se opera un desplazamiento: el libro real es reemplazado por lo que él denomina el "libro-pantalla", una especie de reconstrucción fantasmática armado no con retazos del texto en sí, sino de lo que creemos haber leído o de lo que otros han hablado de él (y eso nos incluye a nosotros mismos). Lograr que exista entonces un diálogo transparente y claro entre dos textos idénticos es virtualmente imposible: cada persona tiene uno diferente en la cabeza. La no-lectura, entonces, nos gobierna por completo, hayamos leído o no.

Pero estas consideraciones jamás entran en un debate público sobre libros o textos. En realidad, hablar de lo no-leído es faltar a la etiqueta en nuestra cultura reverenciadora de la palabra escrita. Mientras haber leído llena de orgullo a quien lo de declama y le confiere la seguridad de tener entre manos -o en la mente- un conocimiento certero de las cosas; no haber leído o acusar de no haber leído es todo lo contrario: es sentirse mal con uno mismo, en el mejor de los casos, o señalar al opositor de no saber de lo que está hablando, en el peor. Pero, a la luz de Bayard, se puede ver con claridad que esto no sería más que un bajo golpe retórico. La verdad es lo contrario: todos somos no-lectores.

Las conclusiones no son cínicas o relativistas. Si Bayard, como lo hace provocadoramente en el título, afirma que es posible hablar de los libros que no se han leído es porque no solo es posible -es lo que hace todo lector- sino, lo deseable. Su ensayo quiere poner en duda lo que significa ser un "lector" y quiere llamar la atención sobre nuestra eterna condición de "no-lectores". Así en una primera instancia, no solamente sería necesario aceptar que el libro real siempre se reemplaza por el "libro-pantalla", sino también entender que un libro no es una isla y que está íntimamente relacionado con otros libros, reales o no. Es decir, toda lectura (pasar los ojos por las palabras) se hace dentro de una biblioteca, una biblioteca virtual o interior que estamos construyendo desde que empezamos nuestra vida de lectores. Esta biblioteca nos define, nos da un mapa y prácticamente nos confiere una personalidad. Asumirnos como "no-lectores" es comprender que un mejor objetivo de la lectura es esta biblioteca y la búsqueda del conocimiento para sabernos mover dentro de ella. Según Bayard, tal actitud es mucho más comprometida con los libros que la de un lector tradicional que afirma sin más haber leído.

El Perú, como se colige de los ejemplos dados, es una tierra de lectores sumamente asertivos. Todos afirmamos haber leído, más aún si somos políticos. 

Lo que quiere decir que cuando alguien declara haber leído está declarando que sus lecturas son una zona de seguridad, un suelo que pisa con confianza. Ya se sabe que la realidad es más porosa, pero he ahí la vana ilusión del lector tradicional.

Pero el no-lector que se asume no-lector sin culpas va por otro camino: comprende que todo acto de lectura es uno de creación, que el libro siempre se va transformando y que, a la larga, lo que uno desentraña con la lectura no es un texto, sino a uno mismo. Esta autointerpelación es el verdadero fin de la lectura, solo posible a través de la "no-lectura."

Entonces, en vista de los considerandos bayardianos asimilados, repregunto: ¿has leído el Informe de la CVR? ¿Desde qué biblioteca estás opinando?




(1) En las conclusiones se puede leer: 108. La CVR hace notar, sin embargo, que un deslinde ideológico insuficiente y en muchos casos tardío colocó a la mayoría de los partidos miembros de IU en una situación ambigua frente a las acciones del PCP-SL y más aún del MRTA. Esta ambigüedad hizo difícil para sus líderes, y también para las dirigencias sociales sobre las cuales IU tenía influencia, dar la lucha ideológica contra las concepciones violentistas del PCP-SL o del MRTA.

(2) El libro de Bayard es esencialmente literario y toma sus ejemplos de la literatura. Contrabandeo sus ideas para ver hacia dónde me llevan. No loquearse.

1 comentario:

Puchuruco dijo...

Muy interesante lo que dices acerca de los no-lectores. Sin embargo, no creo que le falte razón al hecho de que quien ha leído tiene una base más o menos sólida desde la cual opinar. En un debate, creo, más aporta alguien enterado que alguien que ignora. Muchas veces las opiniones no vienen de una lectura concienzuda, sino de posiciones ideológicas o de cosas escuchadas por ahí, pero "sin confirmar". Por algo se hacen investigaciones concienzudas acerca de la realidad.